El crimen organizado en la encrucijada contemporánea de la geopolítica y la geoeconomía del capital |
El crimen organizado, al ser parte de los andamiajes de los procesos de acumulación de capital, ni de lejos es un fenómeno que se circunscriba a las escalas territoriales nacionales. Es un fenómeno en esencia transnacional y parte de los flujos globales que signan al mundo contemporáneo. Sin embargo, el pensamiento residual se obstina en pretender convencer –a través de su complejo mediático/cinematográfico/digital– que el crimen organizado es una anomalía circunscrita al ámbito estrictamente nacional y que los mismos Estados emprenden una cruzada para combatirlo en una lógica de “policías y ladrones”, en una lucha entre “el bien y el mal”. Tampoco se trata de un disputa intra o interregional entre organizaciones criminales que combaten en aras de apropiarse el territorio.
El crimen organizado es el engranaje visible y el lubricante de una esclerotizada arquitectura monetario/financiera global que se fundamenta en la economía subterránea y en la necroeconomía. Lo que provee el crimen organizado es la liquidez y el flujo de dinero en efectivo para sostener procesos de acumulación a gran escala y que enlazan a mercados financieros, sistemas bancarios y amplios segmentos de la economía formal. El crimen organizado no es el lado marginal del capitalismo, la anomalía o la patología de un sistema económico que drena pobreza; es parte consustancial de las estructuras de poder que reproducen la desigualdad y la concentración de la riqueza.
El dinero en efectivo circulando de manera masiva crea estructuras de poder por sí solas que escapan a la fiscalización de los Estados. Además, existe una vinculación estrecha del crimen........