Venezuela: Cuando el huevo y la gallina van juntos, por Rafael Uzcátegui |
Venezuela: Cuando el huevo y la gallina van juntos, por Rafael Uzcátegui
En dÃas recientes el presidente de Colombia, Gustavo Petro, aludÃa a nuestro paÃs en un mensaje en la red social X: «En Venezuela se necesita un periodo de transición donde se gobierne y se llegue a un acuerdo y diálogo polÃtico (…). Ahora ayudaremos a Delcy a estabilizar Venezuela y a crear ese clima de confianza entre los venezolanos». El responsable de la Casa de Nariño resumÃa una curiosa teorÃa de cambio promovida por un sector polÃtico y social: reforzar el autoritarismo para que, luego, se autodisuelva.
La premisa existe en la caverna de Platón, donde se considera como verdad la sombra de los objetos. Durante décadas, la literatura académica sobre las transiciones polÃticas sugirió que los cambios de régimen podÃan surgir de acuerdos entre élites: sectores del poder que, ante una crisis, aceptaban negociar una apertura con sus adversarios.
Sin embargo, esa idea —que en su momento ayudó a explicar procesos especÃficos— se ha convertido también en una sombra proyectada en la pared cuando se aplica mecánicamente a contextos donde esas condiciones no existen.
Mientras analistas y catedráticos teorizan, la experiencia cotidiana de los venezolanos apunta en otra dirección. No se trata de una discusión abstracta sobre modelos de transición, sino de lo que la gente ha visto, vivido y aprendido: quienes concentran hoy el poder no lo abandonarán voluntariamente.
Luego de años de diálogos y conversaciones fallidas, con toda clase de estÃmulos para «aumentar los costos de permanencia», fue un hecho de fuerza el que logró un verdadero compromiso de las autoridades, al menos para liberar a un grupo de presos polÃticos. Los propios paÃses aliados —los panas de Miraflores— fueron incapaces, por la vÃa diplomática, de liberar a sus connacionales presos en el paÃs, hasta que llegaron los bombazos.
El sentido común de la gente, que para la sociologÃa es una fuente de conocimiento, tiene una intuición persistente: la naturaleza revolucionaria de la ideologÃa de las actuales autoridades las hace ajenas a la alternabilidad en el poder.
No es un problema de la calidad de esa ideologÃa, sino del uso interesado que hacen de ella para (auto)convencerse de que son los elegidos para construir en Venezuela el supuesto paraÃso socialista en la tierra.
No es un problema de la calidad de esa ideologÃa, sino del uso interesado que hacen de ella para (auto)convencerse de que son los elegidos para construir en Venezuela el supuesto paraÃso socialista en la tierra.
En este sentido, el fraude electoral del 28 de julio no fue un accidente, sino una consecuencia natural de la vocación totalitaria por mantener el Estado bajo su control. «Salvo el poder todo es ilusión», afirmó Lenin.
*Lea también: ¿No hay recursos o no hay voluntad?, por Jesús Elorza
La urgencia económica
Según la encuesta de Gold Glove Consulting, de febrero de 2026, el costo de la vida era la principal preocupación para más del 60% de los venezolanos. Por eso, las movilizaciones por el salario —luego de las protestas por los presos polÃticos— han protagonizado manifestaciones en todo el paÃs.
Sobre esta legÃtima prioridad —mejorar la calidad de vida tras años de depauperización— se instala una interesada matriz de opinión: la prioridad es mejorar la economÃa; lo demás, vendrÃa después.
Pero la economÃa no ocurre en el vacÃo. No se puede pretender mejorar los Ãndices macroeconómicos sin elevar las condiciones laborales de los trabajadores ni fortalecer instituciones que, sin sesgos partidistas, regulen el flujo de capitales, el empleo y el consumo. La ausencia de reglas de juego solo atraerá a especuladores y aventureros, no a una inversión estable.
Rafael Uzcátegui es sociólogo y codirector de Laboratorio de Paz. Actualmente vinculado a Gobierno y Análisis PolÃtico (Gapac) dentro de la lÃnea de investigación «Activismo versus cooperación autoritaria en espacios cÃvicos restringidos»
 TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artÃculo
Compartir en Facebook