La doble moral progresista, por Manuel Gerardo Sánchez |
X: @ceroembuste
Gobiernos y grupos progresistas —aunque algunos no lo crean, yo también lo soy— llaman a sus seguidores a protestar contra la intervención militar de EEUU en Venezuela. Ventilan en sus declaraciones conceptos entendidos a través de la lógica binaria que tanto denuestan: derecha-izquierda, neoliberalismo-socialismo, privatización-proteccionismo.
En un acto de deslegitimación política, invalidan cualquier mentís o crítica a sus ideas. La discrepancia dentro de sus propias filas se convierte en afrenta y el debate argumentado en invectiva. Quien se atreva a hacer un señalamiento incómodo pasa inmediatamente al bando contrario, se reprueba, se anula. Sus principios —al igual que los de las mentalidades conservadoras que detraen— se vuelven dogma. Porque señalar el equívoco ideológico es también una blasfemia que alimenta el discurso enemigo. «¿Y cómo vamos a caldear a los más extremistas en nuestras fisuras?».
Sin embargo, estos gobiernos y grupos —insisto, soy progresista mientras se defiendan derechos colectivos sin discriminaciones— no han inundado las calles para exigir, por ejemplo, la clausura del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).
El cuerpo represivo del chavismo que, de acuerdo con el Informe de la misión internacional independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela de Naciones Unidas, comete delitos que constituyen crímenes de lesa humanidad: «Personas opositoras al Gobierno (de Maduro), reales o percibidas, y sus familiares fueron sometidos a detenciones ilegales, seguidas de........