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La peor de las miserias, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

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26.01.2019

@gvillasmil99

“Pensó que de aquella miseria compactada por los años solo podía nacer más miseria y sobre todo la peor de ellas: la humana”.

Leonardo Padura. La transparencia del tiempo (2018)

El relato de Leonardo Padura sobre los años del llamado “Período Especial” vivido en Cuba tras la caída de la antigua URSS, largos años de penurias que solo acabarían con la salvadora llegada del chavismo al poder, pasea al lector por las calles de una Habana degradada en medio de la miseria más abyecta. La Habana, aquella magnífica ciudad que alguna vez llegó a tener más teléfonos por habitante que París y cuyos estándares de sofisticación la convertirían en un class statement en la primera mitad del siglo pasado; la histórica villa que diera origen a todo un género musical –las habaneras- sin el que Bizet no sería Bizet, la de la más importante facultad de Medicina de todo el mundo hispanohablante que le regalara a la humanidad titanes de la talla del gran Agustín Castellanos.

De todo aquello nada quedó. El orín de la revolución comunista se encargaría de carcomerlo todo a lo largo de sesenta años de castrismo. Nada quedaría de aquellos imponentes pórticos de mármol de La Habana vieja, convertidos hoy en antesalas de “barbacoas” en las que con frecuencia malviven en hacinamiento varias generaciones de una misma familia. Viejas marquesinas oxidadas, vetustos Fordomatics mil veces reparados y que primorosamente latoneados y pintados – los famosos “almendrones”- recorren la ruta de El Malecón desafiando al tiempo con lo único que parece abundar en la sufrida Cuba: la nostalgia. Nostalgia de otros días tan distintos a estos de hoy en los que la vida cotidiana de sus ciudadanos parece haber quedado congelada........

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