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Es el Señor que pasa, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

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15.12.2018

En esta Navidad, a los exiliados y presos políticos de Venezuela, en la memoria por siempre viva de Fernando Albán, mártir de la democracia

@gvillasmil99

“Sal fuera y permanece en el monte esperando a Yahvé, pues Yahvé va a pasar”.

1 Re 19, 3-15.

Se atribuye a César Zumeta, en cita que de él hace Don Mario Briceño-Yragorri a propósito ciertas afirmaciones suyas en la Academia Nacional de la Historia a principios del siglo pasado, la opinión según la cual la distancia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento es insalvable y que ningún puente existía que les conectase a ambos. Grave error el aquel notable pensador positivista venezolano metido un día – también- a teólogo: porque en María y en la Natividad del Señor se verifica bellamente el continuum de la promesa hecha a los hombres por Yahvé, Dios de Israel. Al respecto, cito lo revelado por el más grande de todos nevi´im (profetas) veterotestamentarios, Isaías, casi ocho siglos antes de nuestra era:

“El Señor pues les dará esta señal: la joven está embarazada y da a luz un varón a quien le pone el nombre de Emmanuel, es decir Dios-con-nosotros” (Is 7,14).

El Israel bíblico fue, hasta bastante después del éxodo desde Egipto, una sociedad de la Edad del Bronce. Una cierta idea de Dios estaba ya presente en las civilizaciones de ese tiempo; idea derivada de la contemplación maravillada de todo lo creado.

El henoteísmo era lo usual, incluso entre los hebreos. Los grupos humanos asentados al este del Mediterráneo concibieron deidades locales alrededor de las cuales tejieron cultos más o menos complejos. La idea del dios único era aún lejana, siendo superada, en el mejor de los casos, por un politeísmo que admitía la idea de un dios superior al resto.........

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