El poder cambia de manos, por Gustavo J. Villasmil Prieto

El poder cambia de manos, por Gustavo J. Villasmil Prieto

«Hemos rezado mucho por la Liberación y por fin la conseguimos. Pero resulta que la Liberación no es más que una nueva ocupación. Van a convertirnos en otra de sus repúblicas».

Czesław Miłosz, El poder cambia de manos, 1955.

En la cartografía espiritual del novelista y Nobel polaco Czesław Miłosz (1911-2004), la historia no es una sucesión de fechas sino una niebla espesa y sofocante que se asienta sobre las calles de una ciudad —Varsovia— que había olvidado hasta su propio nombre.

Hablar de la transición en Venezuela, como en aquella Polonia de 1945 que contemplaba la retirada desordenada y estrepitosa de la Wehrmacht junto al avance implacable del Ejército Rojo, es evocar aquella misma bruma varsoviana. Es un intervalo gris en el que el viejo mundo se ha marchitado como un espectro y otro nuevo, tan siniestro como su predecesor, se va instalando insensiblemente en la médula del ciudadano que comprende que su vida ha sido una larga y forzada representación teatral llamada a prolongarse.

En el valle de Caracas, como en el del Vístula en su día, aprendimos que la mayor victoria de la tiranía no se reduce a la imposición de una cadena física, sino que implica la erosión del paisaje interior de nuestras vidas. Durante décadas, se nos alimentó con la idea de una revolución marxistoide de tipo tropical, especie de píldora de certezas ideológicas que exigió de nosotros cambiar la evidencia por el dogma, el pan por la consigna y la memoria por un pasado editado lleno de patrioterías patéticas.

Resultados a la vista: una nación desperdigada por el mundo, sus familias rotas, las vidas y patrimios de muchos destruidos. Toda transición, por tanto, tendría que pasar necesariamente por el acto doloroso de escupir tan infamante píldora para enfrentar la realidad que ante nosotros se abre, por dura que sea. Esta que se nos........

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