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El paciente limeño, por Gustavo J. Villasmil-Prieto

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07.09.2019

“Juro por Apolo el médico, por Hygeia, por Panacea y por todos los dioses y las diosas, que he de ser fiel a este mi juramento hasta donde tenga yo poder y discernimiento”

Hipócrates de Cos, c. 450 AC.

“…y yo todavía no sé odiar…”

José Martí. Carta a Leonor, La Habana, mayo de 1894.

@gvillasmil99

Una vieja película del laureadísimo cineasta ítalo-británico Anthony Minghella (The english patient, 1996) suele servirme de caso de estudio cuando al inicio de cada curso de semiología médica descubro a mis estudiantes el complejo ámbito de la toma de decisiones a la cabecera del enfermo en contextos difíciles, como el de la Venezuela actual. Porque es en tales contextos en los que se pone de manifiesto la insuficiencia de muchas pretendidas verdades técnicas e imponen su peso, a veces insoportable, los mas apretados dilemas éticos.

El filme de Minghella narra la historia de una enfermera canadiense en el norte de África, durante la última guerra mundial, a cuyo cargo queda un desconocido con extensas quemaduras tras sobrevivir a un accidente de aviación. A falta de documentos de identificación, a aquel pobre sufriente le llamaron, simplemente, “el paciente inglés”. Se dispuso ella a cuidarle del mejor modo que pudo, incluso en medio de muy duras circunstancias. Y cuando fuera increpada por los suyos precisamente por su abnegación tratándose de un desconocido, aquella recia mujer respondió con vehemencia: “Because I am a nurse!”.

La ética del cuidado al enfermo es así, radical. No admite dobleces y sus mandatos van mucho más allá de aquello que se tiene por “políticamente correcto”

Tampoco puede reducírsele a manuales de deontología ni a meras leyes positivas, pues el supremo interés del enfermo a nuestro cargo siempre ha de ponerse a salvo de juicios utilitarios y de relativismos moralmente inaceptables. En estos mustios tiempos postmodernos en los que nos ha tocado vivir, no pocas veces se relega al sagrado del principio de la........

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