Del Panther al Iwo Jima: fracaso y vergüenza de una nación, por Gustavo J. Villasmil P. |
X: @Gvillasmil99
Me invade una angustia que no sé cómo nombrar. Caracas, mi ciudad, se ha convertido en símbolo de vulnerabilidad.
En mi mente se superponen las escenas de hoy con las que imagino de aquel diciembre de 1902, cuando los cañones europeos apuntaron contra nuestras costas y un Cipriano Castro denunciaba a «la planta insolente del extranjero».
Aquella frase, que parecía condenada a los manuales de historia, regresa ahora como un eco doloroso, como si la humillación nacional venezolana fuera un ciclo diabólico que nunca lograremos romper.
La vergüenza me atraviesa como ciudadano: no supimos evitar que la corrupción y la degradación institucional nos condujeran al fracaso como proyecto nacional dejándonos a merced de una potencia extranjera. No supimos detener esto en el 98 ni en el 2002, cuando aún era posible.
En apenas tres horas pasamos de cuna de la libertad americana a republiqueta bananera. No hay regocijo posible en la impotencia nacional, como tampoco sosiego al constatar que la soberanía venezolana terminó convertida, una vez más, en concepto frágil y retórico.
He militado en la resistencia al chavismo por más de 25 años, desde que vi a empresarios, dueños de medios, académicos, intelectuales y clérigos ir a postrarse ante el oscuro jefe golpista del 4F convertido de la noche a la mañana en «rock star» de una sociedad de resentidos ávidos de venganza.
Aquellas élites políticas que ayer se le rindieron a Chávez, bien por cálculo o por conveniencia, son tan responsables de nuestra humillación patria de hoy tanto como los saqueadores de chaquetica roja y los hombres de la Delta Force. De estos últimos, ¡hay quien dice que habría que estarles hasta agradecidos!
Pero he aquí la paradoja: esas mismas élites culpables de ayer y de hoy, son también las llamadas a liderar la reconstrucción, no por virtud, sino porque la historia les impone el deber de asumir responsabilidades........