El ocio, por Gisela Ortega

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«El ocio es la madre de la filosofía»,

Thomas Hobbes (1588-1679).

Los antiguos dividían la vida en dos objetivos: a una llamaban otium, el ocio que no es como se piensa, la negación y la cesación del hacer, sino el ocuparse en actividades enriquecedoras determinadas como el trato social, las ciencias y las artes. La otra, negotium, fundamental en la filosofía clásica para la reflexión y el desarrollo personal, suponía un esfuerzo para satisfacer las necesidades elementales de hacer posible aquel otium.

La palabra ocio proviene del latín otium, que en la antigua Roma se refería al tiempo de descanso, a menudo para actividades intelectuales o de disfrute personal, diferenciándose del trabajo (negotium). Los romanos distinguían entre otium otiosum (ocio inútil) y otium negotiosum (ocio productivo, como el campo o la literatura). Cicerón defendía el otium cum dignitate (ocio con dignidad), una visión más elevada del tiempo libre.

Existe una raíz griega, skholè, que también significaba ocio, tiempo libre y, curiosamente, es el origen de nuestra palabra «escuela», ya que el ocio en Grecia permitía a los hombres libres dedicarse a la educación, la reflexión y las artes, actividades consideradas superiores al trabajo manual.

En nuestros días, el ocio se entiende como el tiempo libre de obligaciones para el descanso, la recreación, el desarrollo de aficiones y la mejora del bienestar físico y mental. Aunque a veces se asocia con la inactividad, la etimología resalta su potencial para........

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