Desilusión bolivariana, por Douglas Zabala
Ha debido sentirse muy atormentado Bolívar en esos días decembrinos, previo a su último suspiro. De seguro recordaría sus epístolas a su eterno amigo Urdaneta, a quien días antes le comentaba de los peligros que acechaban a su gran patria colombiana.
Sueños rotos, esperanzas perdidas y veleidades develadas de sus antiguos compañeros de armas y pasiones, le destrozaban su ser, más que sus males de salud agobiantes.
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