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Cuando los “Los” eran “Las”, por Carlos M. Montenegro

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20.10.2019

carlosmmontenegro22@gmail.com

Hay, y siempre hubo, artistas con la costumbre de firmar sus obras con seudónimo, que según el DRAE “es el nombre utilizado por un artista en sus actividades, en vez del suyo propio”.

Los motivos que pueden llevar a una persona a ocultar la autoría de su obra tras un seudónimo, deben ser mucho más complicados que su definición. La raza humana es de por sí compleja y caprichosa, pero si nos sumergimos en el ámbito de los artistas, la cosa puede enredarse más en esa feria de vanidades, talento, egos y deseos de singularidad.

Una vez más sirve el refrán de que cada cabeza es un mundo, y si es artista probablemente dos. Por eso no es extraño que muchos hayan usado o usen varios seudónimos. Los artistas en general son seres especiales

Hoy quiero tratar sobre artistas de una variedad del arte que no está universalmente consensuada como tal. Me refiero a los escritores.

Creo realmente que el escritor es un artista del lenguaje, que pinta valiéndose de la palabra como pincel o cincel. Es un creador de la narración, un artista en sí mismo por la obra que realiza, que puede ser desde un libro de viajes, una novela de ciencia ficción o un poema; que te puede emocionar y abrazar en sus escritos tanto como podría envolverte una pintura de Leonardo, Velázquez o Sorolla.

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Por supuesto dentro de la literatura también hay escritores que practican el uso del seudónimo y escudriñando un poco más puede desenterrarse una peculiar utilización de esa fórmula de encubrimiento de la identidad que debido a costumbres, especialmente sociales, dan sentido a querer o necesitar esconder la verdadera identidad detrás de un particular alias.

A lo largo de la historia de la literatura existieron políticas o costumbres, según la época, que dictaminaban si una obra debía publicarse o no. Conforme ha pasado el tiempo, la prohibición ha ido disminuyendo.

Sin embargo, el sector femenino siempre fue afectado con mayor rigor a la hora de publicar por el simple hecho de ser mujeres.

Durante los siglos XVIII y XIX cristalizó la idea, al menos en Europa, del papel de la mujer dentro de la familia burguesa que debía ser esencialmente el de madre y esposa. Las mujeres que deseaban ser escritoras publicaban con seudónimos o incluso anónimamente. Fue el caso de la inglesa Jane Austen que jamás firmó sus obras ni usó seudónimos.

Durante una convención de escritoras éstas declararon: “las........

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