Que no falle el final feliz
Colaborador de SPORT.
Que no falle el final feliz
Messi tuvo su merecido homenaje en el adiós a la selección de Argentina / Juan Ignacio Roncoroni / EFE
Despedirse bien también es virtud. Hay despedidas que engrandecen una leyenda y otras que consiguen el milagro de convertir un adiós en un comunicado caduco y egocéntrico con olor a naftalina malhumorada. Iniesta se fue del Barça entre lágrimas, abrazos y gratitud. Xavi o Puyol entendieron que hasta los grandes tienen que saber cuándo apartarse y decir adiós. Y así, hasta nuestros días. Hay despedidas que son un abrazo colectivo, otras, que, desgraciadamente, parecen un pleito particular buscando daños y perjuicios con cámaras amigas e interesadas dando fe de la tontería del protagonista. Y es que saber marcharse, a veces, dice más que tu juego.
Y Cristiano Ronaldo vuelve a ofrecernos otra clase magistral de cómo una buena carrera puede acabar representando un incalificable lloriqueo. Más que una despedida, parece una negociación laboral en la que el ego y el narcisismo han pedido sentarse en la cabecera de la mesa y nadie se atreve........
