Competir sin Lamine

Lamine Yamal se retira lesionado del partido ante el Celta / EFE

La baja de Lamine Yamal no obligaba al Barça a cambiar una pieza. Le obligaba a revisarse. Porque Lamine no es solo un extremo. Es una idea de juego. Una solución. Un atajo. Muchas veces, la mejor respuesta del equipo al bloqueo. El Barça de Flick no se explica sin él. Por lo que hace. Porque no solo desequilibra cuando interviene. Fija al lateral. Obliga al extremo. Activa coberturas. Condiciona ayudas. Ensancha el campo. Es miedo. Es respeto.

Lamine es el centro de gravedad del equipo. El equipo va hacia él. Y el rival también. Cada posesión encuentra en su lado una expectativa. Puede pasar algo. Puede romper. Puede inventar. Puede convertir una jugada plana en una amenaza real.

Eso tiene un efecto doble. Es una bendición. Una ventaja. Y a la vez, un inconveniente. Porque cuando un equipo encuentra en un futbolista la forma más fiable de progresar, acelerar o dañar, empieza a depender de él más de lo que conviene. El talento resuelve. Pero también acostumbra. Y los equipos, como las organizaciones, se acomodan rápido a quien les simplifica la vida. Y cuando........

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