Transparencia de ocasión
“Lo peor de los secretos no es que existan, sino que obligan a inventar demasiadas mentiras para sostenerlos”.Carlos Ruiz Zafón
“Lo peor de los secretos no es que existan, sino que obligan a inventar demasiadas mentiras para sostenerlos”.
Hubo una época en que las revistas del corazón vivían de una fórmula infalible: publicar la exclusiva que alguien quería ocultar. Fotografías robadas, llamadas filtradas, romances clandestinos y portadas anunciando “toda la verdad”. Lo curioso era que la verdad solo importaba cuando perjudicaba al personaje de la semana; cuando el escándalo tocaba a la propia revista o a alguno de sus patrocinadores, entonces aparecían discretamente la prudencia, la privacidad y el respeto.
La política obradorista terminó copiando ese modelo editorial. Solo que aquí los protagonistas no son celebridades. Son actores de nuestra vida gubernamental.
La llamada Cuarta Transformación convirtió la transparencia en una revista de chismes institucional: publica lo que le conviene, esconde lo que le incomoda y cambia de principios con la facilidad con la que una publicación cambia de portada. La transparencia dejó de ser un principio democrático para convertirse en una herramienta de ocasión.
El episodio más reciente lo confirma. La Secretaría de Relaciones Exteriores decidió reservar información relacionada con Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza bajo el argumento de que hacerla pública podría afectar la relación con Estados Unidos y vulnerar la confianza entre ambos gobiernos. Después vino la marcha atrás parcial, las aclaraciones, los matices y las explicaciones de siempre.
La secuencia ya la conocemos. Primero reservan. Después rectifican. Luego explican. Más tarde corrigen la explicación. Y finalmente aseguran que todo fue un malentendido. Ya hasta parecen un partido de futbol, el VAR, la FIFA e Infantino…
Más que una estrategia de Estado, parece una conferencia de prensa permanente para apagar el incendio del día. Presidencia transmite cada vez más la imagen de una gallina corriendo sin cabeza: mucho movimiento, ninguna dirección.
Pero lo malo no es esa reserva en particular. El asunto es el patrón que se dibuja
La 4T nunca ha tenido una doctrina de transparencia. Tiene una doctrina de conveniencia. Cuando una información puede incomodar al gobierno, aparecen inmediatamente los viejos conocidos: seguridad nacional, investigaciones en curso, relaciones diplomáticas, protección institucional, estabilidad del Estado. Siempre existe alguna noble causa para esconder documentos.
En cambio, cuando la información perjudica a un adversario, todos esos principios desaparecen milagrosamente. Entonces sí........
