Mayday, mayday. En Morena, ni con Ariadna Montiel

“Un régimen no cae cuando es atacado desde fuera, sino cuando sus propias élites dejan de creer en la capacidad del sistema para protegerlas y comienzan a actuar en consecuencia; en ese punto, la crisis ya no es un evento, sino una condición.”Juan J. Linz, The Breakdown of Democratic Regimes

“Un régimen no cae cuando es atacado desde fuera, sino cuando sus propias élites dejan de creer en la capacidad del sistema para protegerlas y comienzan a actuar en consecuencia; en ese punto, la crisis ya no es un evento, sino una condición.”

“Los hombres se olvidan más fácilmente de la muerte de su padre que de la pérdida de su patrimonio; y por ello, cuando el poder deja de garantizar protección y beneficios, la lealtad política se convierte en cálculo y la obediencia en negociación.”Nicolás Maquiavelo, El Príncipe

“Los hombres se olvidan más fácilmente de la muerte de su padre que de la pérdida de su patrimonio; y por ello, cuando el poder deja de garantizar protección y beneficios, la lealtad política se convierte en cálculo y la obediencia en negociación.”

Hay momentos en política en los que el poder deja de actuar conforme a la narrativa y empieza a emitir señales de auxilio. Estas no se anuncian como crisis; se disfrazan de decisiones estratégicas, de relevos “necesarios”, de ajustes internos que en el papel parecen razonables pero que, observados en conjunto, tienen otra textura. Una más cercana al código de emergencia que al de la administración ordinaria. Morena está en ese punto.

Y el mensaje —aunque nadie lo quiera decir en voz alta— suena cada vez más claro: mayday, mayday.

Esta no es una metáfora exagerada. Es, en todo caso, una forma más honesta de describir la acumulación de síntomas resultado de la presión internacional creciente en torno a figuras del oficialismo, como el caso de Rubén Rocha Moya; reacomodos internos que llegan tarde y mal sincronizados; y ahora, la apuesta por Ariadna Montiel como posible pieza de rescate partidista, en un momento en el que el problema ya no es de operación territorial, sino de la erosión de legitimidad estructural. Esta se está perdiendo a una velocidad espeluznante.

Ese es el punto que el discurso oficial intenta esquivar a cualquier costo: la crisis de Morena ya no es organizativa. Es reputacional, moral, ética, judicial y, sobre todo, sistémica.

Y sin embargo, la apuesta es reveladora. La postulación de quien hasta ahora había sido la cabeza de la “marca Bienestar” para asumir un rol central dentro del partido —confirmada por un cuestionado Mario Delgado, en medio de este entorno enrarecido— se presenta como una jugada de fortalecimiento.

Y en otro momento —hoy no— lo habría sido...........

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