Manual oficial para fabricar terroristas de pluma |
“Mi padre no es terrorista. Si a un coche bomba en Michoacán no lo consideran así, ¿cómo van a acusar de terrorista a un periodista que solo hace su trabajo?”
“Mientras los criminales se adueñan de vidas y territorios, el gobierno decide llamar terrorista a un periodista.”
En México, para el gobierno, el terrorismo dejó de ser un delito para convertirse en una etiqueta política. Ya no describe hechos: describe molestias. No persigue violencia, persigue voces. No apunta a quien siembra miedo con armas, sino a quien incomoda al poder con información.
Esta semana, en Veracruz, un periodista fue detenido y acusado de terrorismo. Sí: terrorismo. En el mismo país donde un coche bomba puede estallar sin que la autoridad se atreva a usar esa palabra, se decide aplicarla con todo su peso contra quien transmite un hecho y documenta abusos de la autoridad. El mensaje es transparente: el problema no es lo que ocurre, sino quién lo cuenta.
La escena es grotesca si se mira completa. A un periodista se le trata como terrorista; a terroristas reales, muchas veces, se les absuelve. Ahí está el caso del Mochaorejas, liberado por una jueza “de las viejas”, de esas que ya no están y no son de la 4T. La misma juzgadora que dejó libres a ocho militares implicados en el caso Ayotzinapa y que estuvo a punto de liberar también a........