Nicaragua y México: cancelación y anulación de elecciones |
La determinación de Daniel Ortega por cancelar las elecciones en Nicaragua desenmascara al régimen político de ese país, puesto que elimina así la posibilidad de relevar al gobierno que él preside a través de la libre expresión popular. Con ello queda consignada su tipología de gobierno en el rasero de un autoritarismo de corte dictatorial y totalitario.
Es totalitario pues con esa medida busca imponer una ideología que cancela y combate a cualquier otra que difiera de lo que se establece como verdad única a través del Estado que ha instaurado, de modo que quienes se oponen están descalificados por representar posiciones inadmisibles y que no deben ser toleradas porque representan a las derechas, a las corrientes conservadoras o de filiación contrarrevolucionaria.
Conforme a ello la dictadura establece un dictado de comportamiento individual que debe ser replicado por la colectividad, sin apelación alguna; no cabe pretender matices ante el dogma establecido y toda vez que es así, resultan inútiles y hasta atentatorias posturas que buscan diferir o disentir de las que se fijan formalmente. Obvio resulta entonces, lo contradictorio que es pretender incorporar o aceptar el debate entre posturas distintas, la deliberación para examinar propuestas, o el valor del disenso; por ende, lo fatuo que entonces es la existencia de la pluralidad política y la más leve posibilidad de remover al partido en el poder por la vía electiva, puesto que las definiciones que debe adoptar el Estado y que corresponde instrumentar al gobierno no están a debate, y sobre ellas no cabe ninguna discusión........