Necio y no soporta que le digan: ¡no!
Hay una diferencia entre la firmeza y la necedad. La primera permite defender convicciones. La segunda impide reconocer errores. Y cuando la necedad se combina con una creciente incapacidad para aceptar límites, el resultado suele ser particularmente peligroso. Donald Trump parece estar entrando precisamente en esa etapa.
Los sistemas democráticos están construidos sobre una palabra extraordinariamente incómoda: no. No del juez. No del Congreso. No de la prensa. No de las universidades. No de las instituciones. No de los ciudadanos. No de los aliados. No de la realidad. Y quizá pocas cosas ayudan tanto a entender el momento que vive Trump como observar su relación con esa palabra.
Porque más allá de encuestas, litigios, elecciones, conflictos internacionales o controversias mediáticas, empieza a emerger un patrón sorprendentemente consistente. Trump parece tener dificultades crecientes no con determinados adversarios, sino con cualquier persona, institución o circunstancia que se atreva a establecerle un límite. Si un juez falla en su contra, el juez está politizado. Si una universidad discrepa, la universidad está corrompida. Si un periodista investiga, el periodista forma parte del problema. Si una institución cultural toma distancia, la institución está rota. Si un aliado cuestiona una decisión, el aliado es desleal. Si una elección no produce el resultado esperado, la elección resulta sospechosa. La lista empieza a ser demasiado extensa para atribuirla a la casualidad.
Por eso el episodio del Centro Kennedy resulta mucho más importante de lo que parece. No por una placa. No por un nombre. No por una inscripción en una pared. Lo verdaderamente revelador fue la reacción. Una institución establece un límite. Una institución dice no. Y la respuesta no consiste en aceptar la decisión ni debatir sus fundamentos. Consiste en desacreditar a la institución. Declararla decadente. Declararla equivocada. Declararla fallida.
La ironía resulta extraordinaria. El hombre que prometió devolver la grandeza a Estados Unidos pasa cada vez más tiempo explicando por qué tantas instituciones estadounidenses están equivocadas. Universidades. Tribunales. Medios. Centros culturales. Artistas.........
