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Los que callan

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10.06.2026

Dice un refrán popular: ‘¡tanto peca el que mata la vaca como el que le amarra la pata!’, y hay otro que reza: ‘¡la culpa no es del indio, sino del que lo hizo compadre!’, y podríamos acentuar, tan culpables son los que provocan perversidades como quienes las toleran y con esa pasividad negligente las prohijan.

Existe una vieja tentación de la que pocas sociedades logran escapar por completo: la de creer que los grandes desastres políticos son siempre obra de un solo hombre. Resulta reconfortante pensarlo así. Permite simplificar la historia. Permite señalar a un culpable. Permite construir villanos reconocibles. Permite incluso alimentar la ilusión de que, una vez desaparecido el personaje, el problema desaparece con él. Sin embargo, la experiencia humana enseña algo muy distinto. Los autócratas rara vez llegan solos. Los demagogos rara vez prosperan solos. Los caudillos rara vez gobiernan solos. Detrás de cada figura que concentra poder suele existir una compleja red de silencios, complacencias, complicidades, oportunismos, cobardías, fanatismos, conveniencias y resignaciones que hacen posible su ascenso y facilitan su permanencia.

La historia suele recordar a los protagonistas. Napoleón, Hitler, Stalin, Mao, Mussolini, Franco y tantos otros ocupan capítulos enteros de libros, documentales y estudios académicos. Sin embargo, detrás de cada uno existieron miles de funcionarios, empresarios, militares, jueces, propagandistas, dirigentes políticos, intelectuales y ciudadanos comunes que, por convicción, temor o conveniencia, decidieron acompañarlos, justificarlos o simplemente guardar silencio. Ninguno de aquellos personajes habría llegado tan lejos sin una multitud de personas dispuestas a aceptar como normal lo que antes habría parecido inaceptable. Ninguno habría acumulado semejante poder sin quienes confundieron lealtad con obediencia, prudencia con silencio o conveniencia con virtud.

Los grandes deterioros democráticos rara vez comienzan con un estruendo. Comienzan con pequeñas renuncias. Una pregunta que deja de formularse. Una crítica que deja de hacerse. Una mentira que se tolera porque parece insignificante. Una........

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