menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El poder después del poder

18 0
previous day

Existe una diferencia enorme entre ocupar el poder y conservar influencia. Son cosas distintas. Con frecuencia se confunden porque mientras una persona ejerce un cargo ambas parecen caminar juntas. Quien gobierna dispone de presupuestos, instituciones, leyes, nombramientos, asesores, seguridad, ceremonias, reflectores y una maquinaria completa dedicada a ejecutar decisiones. Sin embargo, el día que termina el mandato, cuando desaparecen los privilegios del cargo, cuando los subordinados dejan de ser subordinados, cuando los teléfonos dejan de sonar con la misma frecuencia y cuando los reflectores comienzan a dirigirse hacia otros personajes, aparece una pregunta mucho más difícil y mucho más reveladora: ¿cuánto del poder que parecía poseer pertenecía realmente a la persona y cuánto pertenecía simplemente al cargo que ocupaba?

La historia está llena de gobernantes que parecían gigantes mientras ejercían autoridad. Dominaban titulares. Llenaban plazas. Eran recibidos con honores. Inspiraban obediencia inmediata. Parecían imprescindibles. Sin embargo, una vez terminado su mandato, una vez desaparecida la estructura institucional que los sostenía y una vez extinguidos los beneficios derivados del cargo, comenzaron a desvanecerse lentamente hasta convertirse apenas en una referencia histórica secundaria. El poder que ejercían no era realmente suyo. Era poder prestado. Poder derivado de una oficina. Poder vinculado a una posición específica dentro de una estructura. Poder que terminó exactamente el día en que abandonaron el asiento desde el cual lo ejercían.

Otros siguieron siendo escuchados mucho tiempo después de dejar el poder formal. Y allí comienza uno de los fenómenos más fascinantes de la vida pública. Porque existe un poder que nace de los cargos y existe otro que nace de la influencia. El primero puede obtenerse mediante elecciones, designaciones, revoluciones, herencias o victorias militares. El segundo debe construirse lentamente. No puede imponerse. No puede decretarse. No puede comprarse. Mucho menos heredarse automáticamente. Surge de la credibilidad, del prestigio, de las ideas, de los resultados, de la autoridad moral y de la huella que una persona deja en la sociedad.

Por eso el verdadero examen de muchos líderes comienza precisamente cuando dejan de gobernar. Mientras ocupan el cargo resulta difícil distinguir cuánto de la obediencia que reciben proviene del respeto y cuánto del interés. Los aplausos abundan. Los aduladores abundan. Los oportunistas abundan. Los beneficiarios abundan. Siempre aparecen quienes encuentran genialidad en cada decisión, sabiduría en cada discurso y virtudes extraordinarias en cada movimiento de quien concentra poder. Pero cuando desaparece el cargo, desaparecen también muchos de esos aplausos. Y entonces queda únicamente aquello que realmente logró construirse.

George Washington dejó la presidencia y regresó a su vida........

© SDP Noticias