El secuestro que no quieren llamar por su nombre

Al poder imperial le gusta contar siempre la misma historia: capturar o derrocar a un gobernante al que llama dictador y presentarlo como una victoria moral. Si el enemigo está bien construido, cualquier método se vuelve aceptable. La moral funciona como coartada y la fuerza como argumento final.

Pero el derecho internacional no existe para decidir quién es bueno y quién es malo. Existe para poner límites. Sobre todo a quienes tienen la capacidad de imponer su voluntad fuera de sus fronteras. Por eso el uso de la fuerza está prohibido casi siempre: no por ingenuidad, sino por experiencia histórica. Cuando cada país se arroga el derecho de liberar por la fuerza, el mundo vuelve a la ley del más fuerte, y en ese mundo los pueblos del sur siempre pierden.

Lo ocurrido en Venezuela no es un error ni un exceso aislado. Es el cruce deliberado de un límite que muchos creían superado. Cuando el poder imperial decide capturar a un jefe de Estado extranjero y sacarlo de su país sin juicio, sin extradición y sin autorización internacional, no solo viola........

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