La niña Deysi |
Para una mujer adulta, en pleno uso consciente de su autonomía, un parto es una ventana poderosa de apertura a la vida y al renacer.
Enfrentarse al sistema patriarcal que te ordena parir dormida y siendo cortada en siete capas para que sea rápido, para que sea eficiente, para que quedes “nuevecita” para el placer del marido es, al menos en mi experiencia, un acto de poder inmenso.
Aun así, el dolor de las contracciones y el momento en que los huesos se abren para abrirse paso con todas las infinitas posibilidades es un dolor tan terrible que capaz quebranta toda la fortaleza de la mujer que eligió parir así. Un dolor así debería ser voluntario en todo momento.
Mi experiencia mamífera de parir tres hijos fue primero, violenta (sistema público, violencia obstétrica); luego, maravillosa (en casa, con partera) y poderosa.
Pariría miles de veces, pese al dolor que te parte el cuerpo en dos, pero criar, criar no podría hacerlo ni una sola vez más y es por eso que me quedé solo con mis tres crías y ni una más.
Deysi tiene diez años todavía. Seguro mide poco más de un metro y pesa un aproximado de 40 kg. Deberíamos estar hablando sobre cómo ella logró un nuevo truco en la bicicleta o pasó con honores el tercero de primaria. En vez de eso, hablamos sobre cómo tantos adultos a su alrededor permitieron que ella gestara y pariera un bebé, siendo ella misma uno.
¿Se imaginan el dolor desgarrador de un parto en un cuerpo que no está preparado para ello?, ¿se imaginan........