15 de mayo, sin grandes festejos
Esto escribo en mi libro “Constancia de percepciones”, de próxima publicación: Ser docente es generar actos humanos para compartir, intercambiar, sugerir experiencias, abrir saberes, fomentar inquietudes, despertar retos, inspirar curiosidades y reconocer incertidumbres. Provocar desafíos, formular preguntas, elaborar relatos, aventurar hipótesis, animar “innovaciones”, realizar observaciones oportunas, imaginar, lanzar críticas con información y argumentos.
Esta noble vocación de ser maestra o maestro es algo más que una profesión: Es una actitud ante la vida; es predicar con el ejemplo y ser humilde; es resaltar y ejercer el compañerismo, la fraternidad; es construir democracia en ese pedacito de patria que es el aula, la escuela, el plantel.
Ser docente es compromiso, razón y sensación; es imaginar, planificar y poner en acción; caminar a un lado de las y los estudiantes; es usar camisas arremangadas, el pantalón de mezclilla o la bata; es un trabajo que no se reduce a la tarea de informar o transmitir mensajes, porque la docencia es construcción colectiva de conocimientos y saberes. Por eso, la inteligencia artificial (I.A.), es decir, el ejército virtual de robots cognitivos no sustituyen ni sustituirán a las y los maestros.
La enseñanza es formar la personalidad; constituir, co-construir y reconstruir al ser humano. Esa es la razón y la naturaleza de “lo educativo”, porque va más allá de los aprendizajes escolares; porque es una labor formativa y autoformativa, más amplia, integral, subjetiva y profundo.
Ser docente es aceptar las reglas del juego y sugerir cambios. Reconocer la derrota en el juego limpio, pero ser asertivo y firme cuando el juego no es limpio ni transparente. Ser........
