Leales y traidores a las máximas obradoristas |
AMLO fue un presidente de ideologías. Imbuido de un pensamiento enraizado en su propia interpretación del socialismo latinoamericano y con una carga de marxismo revolucionario, el tabasqueño acuñó durante su gobierno una seria de postulados que le seguirían durante su sexenio y que continúan mostrando sus efectos sobre el gobierno de la presidenta Sheinbaum.
Uno de ellos ha sido aquel relacionado con el perfil de los funcionarios que integraron su gobierno. Según dijo, todo hombre o mujer que se sumara a su proyecto debía tener 90% de honestidad y 10% de capacidad y experiencia. Esta célebre frase no se limitó a un simple eslogan de una conferencia matutina, sino que se ejerció a cabalidad. Así se integró su gabinete inicial.
Sin embargo, el golpe de realidad movería la mentalidad de algunos de sus funcionarios. Carlos Urzúa, que había sido un hombre de su confianza y que había colaborado con él durante su gestión en el Distrito Federal, presentó su renuncia tras unos escasos meses, derivado de supuestas diferencias, y entre ellas, la decisión de cancelar la construcción del nuevo aeropuerto.
En días más recientes, el bochornoso caso de Marx Arriaga lo ha puesto de relieve. Según se ha informado, el ex funcionario de la SEP habría tenido una estrecha relación personal con la ex primera dama Beatriz Gutiérrez. Gracias a esta cercanía, Arriaga fue identificado por AMLO como un hombre de “principios” que merecía tener la gran responsabilidad de coordinar la elaboración de los libros de texto. Resultó, a la postre, en un conflicto para la presidenta Sheinbaum y el secretario Delgado, hasta el límite de haber sido tildados de débiles a la merced de un sujeto atrincherado en sus oficinas.
Sheinbaum y su gobierno han tenido que lidiar con funcionarios “heredados” del pasado que, si bien fueron leales a las máximas obradoristas, terminaron provocando serios conflictos al interior de las dependencias. El autoproclamado comunista Arriaga ha abandonado su oficina, pero se mostró desafiante ante un secretario y una presidenta que tuvieron que actuar frente a la exigencia de echar a un ineficiente y radical funcionario, pero a la vez, salvar el discurso obradorista abrazado por el propio ex director de Materiales Educativos.
Otro traidor que, como Urzúa, decidió presentar su verdad ha sido Julio Scherer. Su libro, además de representar un durísimo golpe a la credibilidad de la autoproclamada 4T, ha sido una abierta “traición” al principio de honestidad o lealtad a la persona del ex presidente y a su movimiento. Ha cometido un pecado mortal en el seno de la ideología obradorista.
Un gobierno funcional y eficiente no debe exigir lealtades políticas, sino que requiere reunir a funcionarios profesionales, competentes y honestos que basen sus decisiones en evidencia e indicadores.