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Soberanía en tiempos de algoritmos

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16.05.2026

La soberanía ha vuelto al centro de la política mundial. Pero regresó distinta. Dejó de ser una abstracción académica. Volvió a convertirse en una obsesión política. Y México se encuentra en el centro de esa transformación.

Durante tres décadas escuchamos que la globalización había reducido la importancia del estado nación. Que las fronteras importarían menos. Que el comercio, internet y las cadenas de suministro globales terminarían creando un mundo crecientemente integrado y postnacional. Muchos gobiernos asumieron que la eficiencia económica sería suficiente para garantizar estabilidad política.

La realidad desmintió esa idea. Primero vino Brexit. Después la pandemia. Más tarde la guerra en Ucrania. Luego la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China. Y ahora observamos el regreso de discursos abiertamente proteccionistas, nacionalistas y soberanistas.

El mundo está entrando a una nueva etapa. Las grandes potencias vuelven a hablar de fronteras, control industrial, autonomía energética, relocalización de cadenas, seguridad nacional, aranceles, tecnología estratégica, migración, soberanía digital, inteligencia artificial y poder geopolítico.

La gran paradoja de nuestro tiempo es que la globalización no eliminó la necesidad de hablar de soberanía: la intensificó. Mientras más interconectado se volvió el mundo, más vulnerables comenzaron a sentirse los países. Y la interdependencia sin resiliencia puede convertirse en debilidad nacional.

Quizá por eso vale la pena regresar a los antiguos griegos. Porque aunque ellos nunca utilizaron la palabra “soberanía” en el sentido moderno, sí desarrollaron las preguntas fundamentales que hoy vuelven a definir la política mundial: ¿Quién manda? ¿Con qué legitimidad? ¿Cómo se protege una comunidad política? ¿Qué ocurre cuando una potencia presiona a otra nación más débil? ¿Cuáles son los límites del poder?

En la Ilíada, Homero retrata a Agamenón como un líder poderoso pero incapaz de controlar su arrogancia. Tiene autoridad formal, pero comienza a perder legitimidad moral. El resultado es deterioro interno en medio de una guerra existencial. La lección sigue vigente: el poder sin prudencia termina debilitándose desde adentro.

Más adelante, Solón intentó salvar a Atenas del colapso político construyendo instituciones capaces de canalizar el conflicto social. Entendió algo extraordinariamente moderno: la estabilidad no surge de eliminar tensiones, sino de administrarlas mediante reglas legítimas.

Y luego apareció Tucídides. Quizá ningún pensador antiguo resulta hoy más contemporáneo. En su relato de la “Guerra del Peloponeso” describió cómo Atenas —la democracia admirada por el mundo griego— terminó comportándose como un imperio obsesionado con preservar poder y........

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