Agustín Lara o del éxito de los cantautores de voces feas

—¿Y de Agustín Lara no vas a publicar alguna columna? –me preguntó hace algunos meses un amable lector.

—Pues será cuando me empeñe en alguna serie de compositores boleristas mexicanos del siglo XX, ¿o te refieres a Lara como cantante?

—Como cantante, a mí me gusta bastante, aunque digan que canta feo.

—A mí también me atrae su canto, aunque sea feo y su voz también sea fea, rígida, dura, monocorde, corta de rango vocal, aunque bien afinada, eso sí. Pero tiene algo que explica el gusto de los mexicanos por su voz: sabe decir las letras de sus canciones. Porque más que cantarlas, las dice; “las siente”, como llanamente se califica el canto de alguien.

—Pues dedícale algo a él.

—Seguro, gracias, ya pensaré en algún concepto que una lo feo con el éxito. Cuando lo feo no define el triunfo y cuando este no es sinónimo de belleza pero tampoco de fealdad, cuando se requiere de elementos diversos para explicar el fenómeno.

Buscar un concepto, porque estado escribiendo sistemáticamente durante los dos últimos años sobre los cantantes del siglo XX mexicano (de los treinta y sesenta) que teniendo entrenamiento vocal clásico o semiclásico, o gracias a un espíritu estético dominante de la época, terminaron cantando y teniendo éxito como cantantes de la música popular de su tiempo, que hoy es incluso considerada como parte de los programas de cantantes clásicos o del repertorio, las pruebas, audiciones y exámenes de las escuelas de música y los conservatorios.

En este sentido, Lara puede bien entrar como compositor. Y de hecho, he hablado con frecuencia de él al ser el acompañante, compositor e impulsor de un sinnúmero de cantantes de la época (de hecho, sin Lara, muchos de ellos no habrían sido “descubiertos” ni alcanzado la fama), su propia época activa, ya que inició en los arrabales de la ciudad hacia finales de la década del veinte del siglo XX y murió en 1970, cuando el sentido estético........

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