En defensa del dinero en efectivo |
Por momentos, el entusiasmo tecnológico de los gobiernos se parece más a un acto de fe que a una política pública. Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que, como parte del proceso de digitalización de la economía impulsado por el Gobierno federal y la banca, se eliminarán los pagos en efectivo en gasolineras y casetas. El anuncio, realizado en el marco de la 89 Convención Bancaria, fue acompañado de una promesa seductora: pagos más simples, inmediatos y sin comisiones a través de CoDi, respaldado por Banco de México.
Pero la historia económica enseña que cada avance técnico conlleva una disputa por el poder y en este caso también de soberanía, libertad y clase. Pensar en quienes más efectivo utiliza no solo nos hace mirar hacia quienes se encuentran en la informalidad, también nos hace mirar a quienes cuentan con menor acceso a la banca, quienes desconfían de ella, adultos mayores y personas con ingresos irregulares. En este caso, la pregunta de fondo no es tecnológica, sino profundamente política: ¿quién controla el dinero y bajo qué condiciones?
Visa y Mastercard son dos de las redes de pagos electrónicos más grandes del mundo. Aunque muchas personas piensan que “son bancos”, en realidad no lo son: funcionan como intermediarios tecnológicos que permiten que el dinero viaje entre bancos, comercios y usuarios. Para que la tarjeta de cualquier banco pueda utilizarse para pagar en comercios, necesita formar parte de al menos una de estas redes. Aquellas no son instituciones públicas sino que son empresas privadas transnacionales norteamericanas, Visa tiene su sede en Foster City y Mastercard tiene su sede en Purchase.
Aunque........