El futuro de Netanyahu
Benjamin Netanyahu parece cansar a Trump justo en el momento que aquel está desesperado por las cuentas y el déficit comercial, ese que quiere cubrir ansioso destruyendo acuerdos comerciales e imponiendo aranceles.
La última reunión que tuvieron fue distinta. Entró al Despacho Oval por una puerta lateral. No hubo apretón ceremonial ni palabras ante la prensa. Salió noventa minutos después sin fanfarria alguna y las cámaras lo captaron entre las multitudes de la más alta clase política, lejos de ese lugar aislado y elevado que Trump deja a sus pares cuando busca ser un complaciente anfitrión.
Fue su séptima visita a la Casa Blanca y la primera cara a cara con Donald Trump desde que estalló la guerra contra Irán en febrero. Él la llamó una de las mejores reuniones que ambos han tenido. La Casa Blanca prefirió dos palabras tibias, productiva y positiva. Un primer ministro que necesita ese abrazo lo pide por la puerta trasera.
Conviene leer ese encuentro sin indulgencia. Israel vota el 27 de octubre y la elección funcionará como un plebiscito sobre un solo hombre. Netanyahu llega maltrecho, además de los altos costos humanos que sus actos han dejado en Palestina, tiene pendiente una orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional que ahora está bajo acecho de Marco Rubio.
En casa, Netanyahu pierde fuerza. Su bloque derechista y religioso lleva meses estancado entre 49 y 53 escaños, por debajo de los 61 que exige la mayoría en un parlamento con 120 asientos. El Likud conserva la primera minoría, aunque cayó desde 32 curules en 2022 hasta un rango que hoy ronda entre 24 y 27. Cuatro de cada diez votantes que históricamente lo respaldan ya sopesan otra opción. El monolito se agrieta.
El trasfondo condena su relato. La guerra........
