Descentralizar a los hombres, la pendiente jornada de la homoafectividad femenina |
Hoy no hablaré de política ni de guerras. Viendo por enésima vez la vieja confiable película de Sex and the City, me di cuenta de que todo el tiempo estuvimos equivocadas sobre Carrie Bradshaw y tal vez, juzgamos con demasiada dureza aquello que interpretamos como un grupo de amistades cuyas vidas centralizaron a los hombres y sus afectos al punto de desplazar la conversación hacia ellos en su totalidad. Pero creo que en realidad, es una serie que habla sobre amistad, cambios en la vida y el espacio pendiente para la conversación sobre la homoafectividad femenina con su tremenda politicidad.
Es terriblemente política la audacia que implica la homoafectividad femenina porque implica un desafío total a lo que se ha cultivado por décadas en las relaciones que aprendemos entre mujeres, descritas e interpretadas o tal vez, construidas, a menudo con emociones contrastantes que las habitan como el eje cuidados-resentimiento, envidia-celos, competencia-belleza, comparación-estándares-ideales y todo tipo de imposición sobre la suficiencia basada en estereotipos de género.
Marilyn Frye escribe en “Politics of Reality: Essays in Feminist Theory” lo siguiente: “Decir que un hombre es heterosexual implica que él tiene relaciones sexuales exclusivamente con el sexo opuesto, o sea, mujeres. Sin embargo, todo o casi todo lo que es propio del amor, la mayoría de los hombres hetero lo reservan exclusivamente para otros hombres. Las personas que ellos admiran; respetan; adoran y veneran; honran; quienes ellos imitan, idolatran y con quienes cultivan vínculos más profundos; a quienes están dispuestos a enseñar y con quienes están dispuestos a aprender; aquellos cuyo respeto, admiración,........