Morena y el ‘número de los besos’, podría gobernar hasta 2048 |
Me enteré en The Guardian de la existencia de Tanya Khovanova, figura destacada de las matemáticas recreativas. Dirige Number Gossip, un sitio web en el que si se envía un número, se cuenta todo lo que que se quiera saber sobre él, pero que no se preguntaba por miedo. Por curiosidad entré al sitio —que, hasta donde entiendo, poco tiene que ver con los números de Gosper— y aprendí algunas cosillas interesantes.
Por ejemplo, para entender si un número es abundante, primero debemos mirar a sus amigos cercanos: los divisores. Un divisor es cualquier número entero que puede dividir a otro sin dejar residuo. Un número es abundante cuando la suma de todos sus divisores (excepto el propio número) es mayor que el número mismo.
El 12 es el primer número abundante en la recta numérica. Sus divisores son 1, 2, 3, 4 y 6. Estos suman 16, que es mayor que 12.
Hay números malignos, pero no es una categoría esotéricas. El nombre maligno (evil number) es un juego de palabras basado en el sistema binario. Un número es maligno si, en su código binario, los unos que lo forman son una cantidad par (pueden hacerse pareja). También existen los números intocables: aquellos que no pueden expresarse como la suma de los divisores propios de ningún otro número.
En la lógica de Gossip, el 12 se saca un diez en casi todas las categorías. Para empezar, es abundante y maligno. El 12 en binario se escribe 1100; tiene dos unos, y eso es suficiente para categorizarlo así.
El 12 también es un número sublime. Estos son rarísimos: tienen una cantidad perfecta de divisores (6) y la suma de esos divisores también es un número perfecto (28). El 12 es el primero de ellos. Además, es un número prónico (o rectangular) porque es el resultado de multiplicar dos enteros consecutivos: 3×4=12.
Es, asimismo, el único número que es igual a la suma de 3 elevado a sus dígitos: 3¹+3²=3+9=12. Y es el número más pequeño que iguala la suma de sus dígitos más los cubos de estos.
En geometría tridimensional, el 12 es el número de los besos. En una esfera, el máximo de esferas iguales que pueden tocarla simultáneamente es exactamente 12. Este equilibrio aparece en los sólidos platónicos: un cubo tiene 12 aristas; un dodecaedro, 12 caras; y un icosaedro, 12 vértices. Por ello, babilonios y sumerios lo eligieron hace unos 4 mil años como base para medir el tiempo.
Los 12 equilibrados años de Morena en el poder (2018-2030)
Si aplicamos la lógica Gossip a los dos gobiernos de Morena, el 12 es un número difícil de igualar en cuanto a perfección. El reto de la presidenta Claudia Sheinbaum será ir más allá de dos administraciones consecutivas.
¿Tres sexenios es el siguiente nivel de percepción? No. Aunque 18 años sea un objetivo de trascendencia, no es un número tan robusto como el 12. El 18 es abundante y maligno (en binario es 10010, con dos unos), pero carece de la mística geométrica del anterior.
Cinco sexenios: la meta de perfección de Morena
Para igualar la potencia del 12, la izquierda tendría que gobernar 30 años (hasta 2048). El número 30 es muy abundante y, al igual que el 12, es prónico (5×6=30). Solo hay dos opciones para que Morena mantenga la perfección política: o el proyecto dura solo 12 años o salta a los 30.
Para la oposición, resulta crucial impedir un tercer sexenio en 2030. Si la izquierda lo consigue, la inercia facilitará alcanzar el ciclo de 30 años. El año 2048 es exactamente 2¹¹. En binario es un 1 seguido de 11 ceros: un número de absoluta pureza y orden total en computación. Cerrar un ciclo de gobierno en una potencia de 2 representaría, para la matemática política, un estado de consolidación absoluta de la 4T.
El gran obstáculo y la lección del PAN podrido
Para llegar a 2048, Morena debe sortear los hitos de 18 y 24 años. Si la oposición no fractura la meta del tercer sexenio para la izquierda, 2030-2036, el sistema buscará su siguiente punto de equilibrio estable en el 2048.
¿Por qué el PAN se quedó solo en 12 años? Porque el segundo sexenio, el de Felipe Calderón, originado en el fraude electoral, restó legitimidad al panismo. Fue un 12 imperfecto. Al no sumar dividendos democráticos, el número se volvió defectuoso: la suma de sus partes no alcanzó para sostener al todo. Por el fraude de 2006, los años panistas en la presidencia se volvieron un número intocable en sentido negativo: perdió lo que se prometió como oposición.
La legitimidad y las frutas prohibidas
Morena solo alcanzará el tercer sexenio, y a partir de este el quinto, si la legitimidad de la presidenta Sheinbaum y de AMLO se traduce en autoridad moral para 2027.
Malas candidaturas arruinarán el proyecto; la presidenta debe obligar al partido a seleccionar perfiles irreprochables. Tiene la fuerza política para ello y, me parece, también la voluntad de no traicionar los principios.
Deberán ser perfiles totalmente de izquierda; no solo colaboradores de la 4T desde que Morena es gobierno, por eficaces que sean. Las principales candidaturas deben de ser de gente que por identificación ideológica haya apoyado al movimiento desde los años malos —muy malos—, los del bloqueo mediático tras el fraude de 2006, los de resistir presiones de los gobiernos del PAN y del PRI que se lanzaron con todo a destruir lo que hoy es el morenismo; aquellos tiempos de la dura resistencia a partir del inolvidable plantón en Reforma y el Zócalo para protestar contra la ilegalidad en los comicios de ese año.
Políticamente, Claudia es el mayor activo del movimiento. La dirigencia de Morena deberá olvidarse de ambiciones personales para alinearse con una mandataria que ha demostrado ser impecable en su conducta, como también lo ha probado su círculo íntimo, que se ha mantenido absolutamente libre de escándalos y alejado de las frutas prohibidas. El venenoso árbol del nepotismo no ha crecido en el Palacio Nacional ocupado por Sheinbaum.