“Los idus de julio”. Ese era el título de una serie de artículos de Carlos Fuentes sobre las elecciones de 2006 publicados en julio de ese año.

Fuentes empezó aquellos textos citando algo que dijo el escritor Martín Luis Guzmán en 1915: que México no ha podido “resolver su existencia normal como pueblo organizado” porque “padecemos penuria de espíritu”.

Evocó Fuentes tales palabras por “el espectáculo de un país confrontado, más que dividido”. En su opinión así estaba México inmediatamente después de las elecciones del 2 de julio de 2006. Y sí, así estaba nuestra nación.

A Fuentes, por cierto, le pareció correcto sustituir la palabra espíritu utilizada por Guzmán “por tres ‘íes’ que me parecen más relevantes nueve décadas más tarde: inteligencia, intuición e imaginación”.

Pienso que no era exagerado decir que el México de 2006 padecía penuria de inteligencia, intuición e imaginación.

Para superar la confrontación, pensaba Carlos Fuentes, se necesitaba un “ejercicio inteligente, intuitivo e imaginativo que compete a ambos bandos, el de Felipe Calderón y el de Andrés Manuel López Obrador”.

Quizá Carlos Fuentes no se enteró de la propuesta inteligente, intuitiva e imaginativa planteada por AMLO para superar la confrontación de 2006: el recuento total de votos. Era lo único éticamente aceptable para saber si había habido fraude electoral o no.

Como sabemos, Calderón, el gobierno de Vicente Fox y el INE de 2006 —en ese tiempo llamado IFE— no aceptaron el voto por voto, casilla por casilla, y por lo visto a Fuentes tampoco le pareció una salida a la crisis comicial.

En vez de apoyar la exigencia de millones de mexicanos y mexicanas que sentían que sus sufragios habían sido robados por el PAN, los empresarios, los liderazgos sindicales y los gobernadores priistas, el prestigiado escritor Carlos Fuentes prefirió especular con la idea de una presidencia interina. Lo hizo en el tercero de sus artículos de la serie “Los idus de julio”.

De hecho, desde el final del segundo de sus textos sobre aquella elección Fuentes jugó con la posibilidad de un presidente interino: “¿Y qué tal si nuestra siguiente presidencia sólo dura entre catorce y dieciocho meses?”.

En la tercera parte de “Los idus de julio” profundizó en el interinato que, por lo visto, Carlos Fuentes no solo veía posible, sino deseable. El escritor respondió afirmativamente a las preguntas que hizo en aquel texto: “¿Podría tener México el primero de diciembre de 2006, si las instancias previas se agotan, la situación se confunde o los percances la alteran, un presidente interino nombrado por el Congreso? ¿Sería este un recurso final, más allá del empate virtual, las turbulencias sociales, las agitadas banderas del fraude, las opiniones encontradas o la eventual decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anulando la elección?”

Fuentes narró con detalles lo que ocurrió en el periodo de Emilio Portes Gil, el único presidente interino que ha tenido México. Aclaró el escritor, para anticipar objeciones a su artículo, que Adolfo de la Huerta había sido otra cosa: presidente provisional.

√ Cuando se asesinó en julio de 1928 al presidente electo Álvaro Obregón, el Congreso nombró a Portes Gil presidente interino.

√ Por ley, esa presidencia interina no podía durar más de 18 meses.

√ Carlos Fuentes elogió todo lo que hizo el presidente interino en tan poco poco tiempo; muchísimos logros en opinión del escritor. Veamos los principales:

Para Carlos Fuentes, hubo más logros en el breve interinato de Portes Gil que en varios sexenios posteriores. Pudo hacerlo porque contó con un gabinete de primera: Genaro Estrada, en la Cancillería; Joaquín Amaro, en Guerra; Luis Montes de Oca, en Hacienda; Ezequiel Padilla, en Educación; Aquilino Villanueva, en Salubridad; Puig Casauranc, en el Distrito Federal.

Ello llevó a Carlos Fuentes a concluir que “un presidente interino, en democracia, tiene la posibilidad de ejercer un poder constructivo, firme e independiente de los factores que lo encumbraron”.

Dijo más el escritor Fuentes: “Sería una afrenta a nuestra imperfecta democracia que el interinato, de darse, solo sirviese de trampolín para la o las candidaturas en acecho de una nueva elección año y medio después del primero de diciembre de 2006″.

De ese artículo de Carlos Fuentes abrevaron las personas —como el dueño de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz— que sintieron que había condiciones para hacer a su amigo Juan Ramón de la Fuente presidente interino en 2006.

No se puede estar en desacuerdo con Fuentes en su tesis de que un presidente interino puede realizar un gran gobierno. Es decir, cabe en las posibilidades de la gobernabilidad.

Pero el verdadero problema en 2006 no era encontrar un interinato de primer orden. El reto era limpiar una elección muy sucia por la ilegal intervención del Consejo Coordinador Empresarial, por el antecedente del desafuero, por las trampas que durante todo la campaña el IFE (INE) permitió a Calderón.

Lo más simple para limpiar la elección de 2006, pero aquel INE (IFE) no quiso hacerlo, era el recuento total de votos. Mucho habría ayudado a la democracia alguien tan ilustre como el novelista Fuentes si, en vez de contar detalles sobre el interinato de Portes Gil, simple y sencillamente hubiera exigido lo que millones de personas esperaban para creer en la solidez de la democracia mexicana: el voto por voto, casilla por casilla.

En los idus de marzo del año año 44 a.C. fue asesinado Julio César, lo que cambió la historia de Roma. En los idus de julio de 2006 el panismo en el poder —con el apoyo del PRI, del IFE (INE) y de la gente de dinero— acabó con la democracia mexicana que seis años antes había nacido; un hecho que cambió la historia de México, ahora mismo un país que está transformándose para que jamás vuelvan el autoritarismo y los fraudes electorales de los tiempos del PRI y del PAN. Ojalá nada impida las transformaciones en marcha.

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Carlos Fuentes, idus de julio, presidente interino y el IFE (INE) de 2006

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13.11.2022

“Los idus de julio”. Ese era el título de una serie de artículos de Carlos Fuentes sobre las elecciones de 2006 publicados en julio de ese año.

Fuentes empezó aquellos textos citando algo que dijo el escritor Martín Luis Guzmán en 1915: que México no ha podido “resolver su existencia normal como pueblo organizado” porque “padecemos penuria de espíritu”.

Evocó Fuentes tales palabras por “el espectáculo de un país confrontado, más que dividido”. En su opinión así estaba México inmediatamente después de las elecciones del 2 de julio de 2006. Y sí, así estaba nuestra nación.

A Fuentes, por cierto, le pareció correcto sustituir la palabra espíritu utilizada por Guzmán “por tres ‘íes’ que me parecen más relevantes nueve décadas más tarde: inteligencia, intuición e imaginación”.

Pienso que no era exagerado decir que el México de 2006 padecía penuria de inteligencia, intuición e imaginación.

Para superar la confrontación, pensaba Carlos Fuentes, se necesitaba un “ejercicio inteligente, intuitivo e imaginativo que compete a ambos bandos, el de Felipe Calderón y el de Andrés Manuel López Obrador”.

Quizá Carlos Fuentes no se enteró de la propuesta inteligente, intuitiva e imaginativa planteada por AMLO para superar la confrontación de 2006: el recuento total de votos. Era lo único éticamente aceptable para saber si había habido fraude electoral o no.

Como sabemos, Calderón, el gobierno de Vicente........

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