El silencio que también se vota |
La elección que se aproxima no solo definirá un nombre en la Casa de Nariño, sino también el rumbo institucional de Colombia. Por ello, resulta inaceptable que el país siga sin conocer, con claridad meridiana, la posición del candidato oficialista sobre asuntos tan sensibles como la seguridad, la paz total, el orden público y el uso de la inteligencia estatal en medio de la contienda electoral.
A menos de dos meses de la primera vuelta, en la que la nación definirá el rumbo de su futuro presidencial, las campañas han intensificado su actividad proselitista en medio de un ambiente profundamente enrarecido por los graves escándalos que rodean al actual gobierno y por los señalamientos lanzados desde la propia Casa de Nariño contra algunos candidatos.
En este contexto, no deja de llamar poderosamente la atención la actitud del señor presidente de la República, quien, en lugar de preservar la neutralidad que exige la majestad de su investidura, da la impresión de asumir un papel cercano al de jefe de debate del candidato de la izquierda. Esta percepción se acentúa aún más cuando dicho aspirante, pese a liderar todas las encuestas, ha manifestado de manera reiterada su falta de interés en participar en debates públicos sobre asuntos de la mayor trascendencia nacional, privando al país de conocer con claridad su posición frente a temas esenciales.
Y no se trata de una elección menor. Lo que está en juego en la próxima contienda no es poca cosa: se trata, nada más y nada menos, de decidir si Colombia continuará por la senda del actual modelo de gobierno o si optará por un viraje de fondo en materias tan sensibles como la seguridad nacional, el modelo económico, la sostenibilidad del sistema de salud y la estabilidad institucional. Son asuntos que no........