Petro, de jaguar a gatico |
La incoherencia no siempre llega con estruendo. A veces entra por una llamada telefónica. Gustavo Petro pasó años construyendo un discurso antiimperialista, atacando a Estados Unidos, señalando a Washington como el gran villano de América Latina, llamando a la movilización popular contra el “imperio”, agitando el resentimiento ideológico como si fuera política exterior. Rugía. Se autoproclamaba jaguar. Desafiaba. Provocaba. “Si me va a meter preso, a ver si puede”, decía, convencido de que la retórica bastaba para sostener el poder. Pero cuando la realidad tocó la puerta, el jaguar desapareció.
Tras la captura de Narco-Maduro por parte de Estados Unidos y el remezón geopolítico que sacudió a la región, Petro reaccionó como siempre sabe hacerlo desde el micrófono. Discursos encendidos, llamados a protestas, advertencias sobre amenazas imperiales, poses de resistencia latinoamericana. Atacó a Trump, atacó a Washington, atacó la idea misma de la intervención estadounidense. Todo muy épico. Todo muy performático.
Sin embargo, hay un dato clave que el petrismo intentó distorsionar deliberadamente. Estados Unidos nunca habló de atacar a Colombia como país. La advertencia no era contra la nación, ni contra su soberanía, ni contra su población. El mensaje iba dirigido a él. A Petro. A su Gobierno. A su modelo. Porque en Washington la........