El desgaste del control constitucional: ¿sigue la Corte Constitucional siendo un contrapeso real al poder político?

La Corte Constitucional colombiana fue concebida en 1991 como un muro de contención frente al poder, no como un motor ideológico del cambio político. Su razón de ser no era acompañar proyectos de gobierno, sino limitarlos, especialmente cuando dichos proyectos se presentan como moralmente superiores, socialmente necesarios o históricamente inevitables. Su función no ha sido solo crear jurisprudencia e interpretar la ley, sino también limitar los abusos de poder, limitar al Ejecutivo, limitar al Congreso, limitar incluso a las mayorías cuando estas pretendan imponer su voluntad por fuera de la Constitución.

Sin embargo, en el contexto actual, la Corte, después de más de 30 años de funcionamiento, no se enfrenta en estricto sentido a su desaparición formal ni a un golpe frontal, sino a algo más sutil y peligroso: el desgaste progresivo del control constitucional, producto de una combinación de ideología, presiones políticas, demoras estratégicas y una preocupante elasticidad interpretativa cuando el poder actúa en nombre del ‘cambio’.

Hoy, el problema no es que existan magistrados con sensibilidad social o inclinaciones progresistas, eso siempre ha existido, sino que una lectura de izquierda del derecho constitucional está erosionando principios estructurales como la separación de poderes, la legalidad estricta y el control fuerte al Ejecutivo.

El progresismo jurídico contemporáneo, especialmente en América Latina, ha introducido una mutación profunda en la forma de entender la Constitución. Se sostiene que, bajo el discurso de los derechos y la justicia social, el progresismo convierte a la Constitución en un instrumento maleable, interpretado según convicciones ideológicas, su historia o los límites que impone el principio de legalidad. El resultado es un derecho instrumentalizado para transformar la sociedad desde arriba, debilitando la democracia representativa.

Bajo esta visión, la Carta Política deja de concebirse como un límite rígido al poder, para convertirse en un instrumento dinámico orientado a la transformación social; lo que socava la seguridad jurídica de las instituciones y del ordenamiento jurídico en su conjunto. Esta reinterpretación afecta de manera directa la estabilidad normativa necesaria para la operación de las........

© Revista Semana