Perdió Trump, ganó Irán |
Es una isla con forma de lágrima. La que derraman estos días sus habitantes, angustiados por una guerra tan incierta como lejana. Si Trump no recoge pronto sus tropas y su arsenal y retornan a casa, en la pequeña Siargao pasarán penurias y el sueño podría tornarse en pesadilla.
Destino inigualable para surfistas de todo el planeta, filipinos y residentes extranjeros la convirtieron en paraíso gastronómico, ahora amenazado por un ciclón económico. Filipinas, con 7.000 islas,
encabeza el ranking mundial de subida del precio del diésel: un 86 por ciento. Y sus reservas solo garantizan combustible hasta junio.
Para combatir la escasez, el Gobierno del país bañado por el Pacífico decidió suspender vuelos, recortando la temporada turística en lugares como Siargao. Unido a la subida de los costos del transporte marítimo y de los fertilizantes en un país de fuerte vocación agrícola y campesinos minifundistas, los filipinos sufrirán escasez en todos los sentidos.
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