Las injusticias cometidas con los generales Mejía y Rodríguez

El Ejército no se puede permitir el lujo de perder buenos generales por caprichos presidenciales. Al comandante de la FAC lo quiso echar por la misma razón por la que ahora anuncian que sacarán al general Erik Rodríguez: decir una verdad que incomoda a Gustavo Petro.

El general Carlos Fernando Silva defendió en su día que el Hércules siniestrado en el Putumayo, que dejó 69 uniformados muertos, no era una “chatarra”, estaba perfecto. A Rodríguez, por admitir que la guerrilla carnetiza a la población rural y obliga a votar por un candidato (Cepeda).

El tsunami de críticas por tamaña cacicada puede obligarlo a aplazar el injusto llamado a calificar servicios hasta después de la segunda vuelta, mandándole a vacaciones o cualquier otra treta. O dejarlo en el puesto, como a Silva.

Y qué decir del general Federico Mejía, marginado por unos hechos que reflejan el fracaso del Estado y la arbitrariedad del Gobierno. Cada vez que voy al Cauca, escucho lamentos, de boca de ciudadanos del común y autoridades civiles, por su partida y el anhelo de que vuelva ante el angustiante deterioro de la seguridad.

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