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“Fue un suicidio colectivo”

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Todavía tengo grabadas las imágenes de una turba corriendo por los jardines y dependencias del palacio, destrozando todo a su paso y coreando el nombre del ayatolá Jomeini. Irán se precipitaba al desastre, aunque en aquel año de 1979 el mundo occidental apoyara a un mahometano radical que pretendía que el islam y no una constitución laica gobernaran su país.

Ocho años antes, en octubre de 1971, el sha de Persia había celebrado por todo lo alto, ante dignatarios de medio mundo, el aniversario 2.500 de Ciro el Grande. Quiso remarcar el fastuoso legado cultural e histórico de su milenaria nación y del emperador que fundó Persia. Después sería el papá de Reza Palhevi, en los albores del siglo XX, el que decidió renombrarla Irán, una singular manera de arrancar su ambiciosa campaña para modernizar el país. El festejo citado fue de tal suntuosidad y despilfarro que evidenció que el sha y su bella esposa vivían alejados de la realidad de millones de iraníes, sumidos en la pobreza. Además de levantar para la ocasión decenas de lujosas tiendas de campaña en el desierto de Persépolis, mandó traer de París miles de botellas de champán de reserva y la comida de Maxim’s, el restaurante más elegante y costoso de la capital francesa del........

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