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La seguridad energética de Pekín

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26.01.2026

Las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela, así como la crisis en Irán, ilustran la velocidad con la que puede cambiar el entorno geopolítico y lo crucial que resulta la seguridad energética para cualquier país. Más aún si se trata de una potencia ascendente con ambiciones revisionistas. Desde 2022, en su informe al XX Congreso del Partido Comunista, Xi Jinping advirtió que se avecinaban tiempos turbulentos que podían amenazar la aspiración china de revitalización nacional. En ese mismo discurso, instó a sus camaradas a “agudizar su sentido de crisis, mantener un pensamiento de línea de base, estar preparados para el peligro incluso en tiempos de paz y listos para soportar pruebas mayores, con vientos fuertes e incluso oleajes tempestuosos”. Entre esas “pruebas mayores”, Xi ha enfatizado de manera reiterada la seguridad energética: entre 2013 y 2024, mencionó explícitamente ese concepto en al menos 180 discursos, reuniones y actividades oficiales. Tras la invasión rusa a Ucrania, Pekín empezó a identificarla como uno de los pilares más sensibles de su seguridad nacional.

Durante los años noventa y hasta entrada la década de 2020, China fue un exportador neto de energía. Sin embargo, desde 2022 importa cerca del 20 % de sus necesidades energéticas. Aunque, en comparación con Japón —que importó alrededor del 87 % de su energía en 2023— y la Unión Europea —que importó aproximadamente el 66 %— China se encuentra en una posición relativamente estable, también es el mayor importador de crudo del planeta, responsable del 25 %........

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