Quebrar al caficultor para arrodillar a la Federación

A veces las grandes crisis nacionales no llegan con estruendo ni titulares internacionales. Avanzan en silencio hasta que, un día, millones descubren que su modo de vida está colapsando. Eso puede ocurrir con la caficultura colombiana en menos de un mes si el Gobierno sigue dilatando la firma del contrato de administración del Fondo Nacional del Café (FoNC) o tratando de imponer condiciones que hagan inviable su ejecución.

Desde 2022, el Gobierno de Gustavo Petro ha tratado de tomarse o acabar la Federación Nacional de Cafeteros. No por diferencias técnicas ni debates legítimos sobre el sector. Busca el control político de una institucionalidad que, durante casi un siglo, ha sido administrada por los propios productores y ha beneficiado a cientos de miles de familias en 605 municipios, el 55 por ciento del total del país.

La Federación es una organización construida desde las bases cafeteras, con representación democrática y una presencia territorial que pocos organismos públicos pueden exhibir. Su legitimidad proviene de haber trabajado armónicamente con gobiernos de todas las tendencias, manteniendo siempre su independencia frente a los intereses políticos del momento. Y es esa independencia la que incomoda al actual Gobierno.

Durante décadas, la relación entre el Estado y la Federación se desarrolló sobre la base del diálogo institucional. El escenario ha sido el Comité Nacional de Cafeteros, donde se definen políticas públicas sobre desarrollo rural, inversión social, investigación científica y estrategias para la prosperidad del sector. Allí participan los........

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