Nosotros llevamos la camiseta de la selección; Cepeda y sus aliados, el uniforme de nuestras fuerzas militares

Si algo ha logrado unirnos en Colombia, por encima de creencias, activismos políticos o clases sociales, es la camiseta de la Selección. La pasión se desborda cuando nuestros jugadores la sudan en la cancha y nos fundimos en un solo abrazo con cada gol, en el máximo éxtasis de gloria.

Esa camiseta no es un simple pedazo de tela; es un símbolo de unidad nacional que nos permite olvidar las divisiones para gritar al unísono: ¡Viva Colombia!

Por eso, da una profunda indignación ver cómo el senador Cepeda, abanderado del Pacto Histórico, del actual Gobierno y de sus aliados de la “Paz Total”, se rasga las vestiduras acusando a la oposición de “robarse la camiseta” para la campaña de Abelardo de la Espriella. Con total descaro, y por una vez sin leer sus discursos, grita que es un acto oportunista y un sacrilegio a un emblema patrio. ¡Qué hipocresía! No solo la del señor Cepeda, sino la de todo este Gobierno, empezando por el presidente y siguiendo por sus militantes, quienes caen en el cinismo de defender un símbolo de unión mientras permiten el ultraje a las instituciones.

No deja de sorprender cómo el candidato del Gobierno nacional pretende convertir en un pecado mortal, casi en un delito, el uso de la camiseta que todos los colombianos vestimos con orgullo legítimo y pasional en las calles cada vez que juega nuestra Selección.

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