Qué largo y difícil fue el 2023 para los colombianos: Un año pleno de frustraciones, especialmente frente a las expectativas de un cambio que no llegó o no se sintió en la medida de las expectativas, como lo reconoció el propio Presidente de la República. Pero más allá de lo que no se logró, la mayoría de los colombianos tuvimos una sensación de retroceso y, sobre todo, una gran inquietud frente al futuro. Las encuestas reflejaron ese pesimismo que fue creciendo sustancialmente a lo largo del año que finalizó.

Abrimos el 2024 con una palabra que resume todo: Incertidumbre. Esta tiene un componente social y político expresado en la baja aprobación del gobierno y la sensación de temor ciudadano frente al futuro que se palpa en las calles. También tiene un componente individual donde priman las decisiones de las familias que se reflejan en la venta de activos y otras en su decisión de salir del país para buscar nuevos y mejores horizontes.

Las decisiones frente a la incertidumbre tienen que ver con el nivel de aversión al riesgo de quienes ejercen la jefatura de hogar de cada familia, pero también de las circunstancias personales y temporales: pérdida de empleo y de oportunidades particulares.

El problema es que el gobierno no solamente muestra incapacidades evidentes en la gestión, sino que ha sido particularmente desenfocado en la comunicación con los colombianos. A lo largo del 2023, el gobierno perdió buena parte de la moderación y se refugió en el dogmatismo, siendo particularmente sordo para captar los mensajes de la sociedad y, peor aún, para elaborar esos mensajes. Hay una incapacidad muy grande para sacar ventajas de las crisis. Es un gobierno que gradúa enemigos desde juicios a priori, basado en la ideología y donde pierde las posibilidades que le daría un mínimo de pragmatismo.

Aquella sentencia pitagórica de “mide tus deseos, pesa tus opiniones, cuenta tus palabras”, ha sido literalmente tomada en reversa por el gobierno. Sus palabras inundan todo el escenario político; no importan casi los significados y menos las certezas. Los colombianos damos por descontada una gran parte como burda propaganda populista.

Pero además, el gobierno parece preso de sus deseos cuando impulsa una agenda de reformas impopulares y regresivas. Las voces de la realidad surgen de manera casi clandestina, huyéndole a la objetividad, como cuando el Ministro de Hacienda reconoció que la tasa de renta impositiva ahorca la capacidad productiva del país y las posibilidades de generar empleo y riqueza, haciendo necesaria una nueva reforma tributaria, muy difícil de lograr a estas alturas.

Pero todo nuevo año es una oportunidad y en el 2024 es aún posible enmendar la ruta. Esta pasa por la relación entre el Gobierno nacional y los gobernantes locales. Una relación que el gobierno fracturó desde el principio y cuyo precio pagó con creces, tanto en las elecciones como en fiascos que afectan severamente la confianza del público. El ejemplo más reciente de ese conjunto de errores tiene a Barranquilla al borde de la cancelación definitiva de los Juegos Panamericanos de 2027. Un costo tan gigante para el gobierno, que el silencio ‘tuitero´ del presidente lo evidenció de manera elocuente.

La construcción de esa nueva gobernabilidad pasa también por la relación de los ministros con los gobernantes locales. El panorama actual no es el mejor, es un ejercicio donde debe primar el sentido común y la ‘realpolitik’. También de capacidades. Si revisamos los gabinetes de las gobernaciones más relevantes y las grandes ciudades, vemos que sus competencias y experiencia supera con creces a de los actuales ministros, con contadas excepciones. El problema es que contamos con un presidente que tiende a aislarse de sus ministros y, un gabinete con limitado oficio en lo público, que nos ha llevado al nivel actual de desgobierno.

El presidente debería mirar con mayor detenimiento su equipo y evaluar dónde se observan evidentes síntomas de desgaste y dónde hay falencias para navegar lo que resta del periodo -que aún es la mayor parte de lo que le resta-. También tener en cuenta que en 2024 los gobernantes locales salientes se transforman en ‘agentes libres’ refrescando la oposición y exponiendo sus propios intereses frente a la carrera presidencial y la elección del Congreso. Hay una realidad: no habrá un recreo para el gobierno, como sucedía anteriormente.

Pero lo más importante es cómo el propio Presidente se va a relacionar con los gobernantes locales. Él tiene la palabra. Puede optar por la vía de los conflictos como se observó con el manejo de algunos de los proyectos claves para Bogotá, Antioquia y Atlántico. En esa opción todos pierden, pero más el Gobierno nacional.

La otra ruta es la de la concertación, que seguramente encontrará gobernantes locales ávidos de trabajar y lograr sus planes de gobierno, en la cual puede valorizar sus apoyos.

Tiene así una oportunidad el Gobierno nacional. Dependerá de la confianza de la opinión pública, la inversión y el cumplimiento de sus propios planes. De otra manera, el 2024 será un año aún más oscuro que el anterior.

QOSHE - 2024: Una real oportunidad - Fernando Ruiz
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2024: Una real oportunidad

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08.01.2024

Qué largo y difícil fue el 2023 para los colombianos: Un año pleno de frustraciones, especialmente frente a las expectativas de un cambio que no llegó o no se sintió en la medida de las expectativas, como lo reconoció el propio Presidente de la República. Pero más allá de lo que no se logró, la mayoría de los colombianos tuvimos una sensación de retroceso y, sobre todo, una gran inquietud frente al futuro. Las encuestas reflejaron ese pesimismo que fue creciendo sustancialmente a lo largo del año que finalizó.

Abrimos el 2024 con una palabra que resume todo: Incertidumbre. Esta tiene un componente social y político expresado en la baja aprobación del gobierno y la sensación de temor ciudadano frente al futuro que se palpa en las calles. También tiene un componente individual donde priman las decisiones de las familias que se reflejan en la venta de activos y otras en su decisión de salir del país para buscar nuevos y mejores horizontes.

Las decisiones frente a la incertidumbre tienen que ver con el nivel de aversión al riesgo de quienes ejercen la jefatura de hogar de cada familia, pero también de las circunstancias personales y temporales: pérdida de empleo y de oportunidades particulares.

El problema es que el gobierno no solamente muestra incapacidades........

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