Nombrados para delinquir |
La reciente denuncia de Angie Rodríguez, exdirectora del Dapre, no es un hecho aislado, sino el reflejo de lo que hoy es el Palacio de Nariño.
Más allá de los titulares sobre extorsiones y guerras de poder, el fondo es otro. Petro, cuando era senador, criticaba la ‘mermelada’, prometía un gobierno de expertos y juraba transparencia. Hoy esa promesa es apenas un recuerdo. Este gobierno la convirtió en su antítesis.
El punto de quiebre fue una decisión calculada: el nombramiento de César Manrique en el Departamento Administrativo de la Función Pública, uno de los cerebros detrás del escándalo de la UNGRD, y hoy prófugo de la justicia.
La Función Pública es la entidad encargada de definir quién entra al Estado, bajo qué reglas y mediante qué procesos de mérito. Es, en suma, la que debe garantizar la integridad de la administración.
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Nombrar a un funcionario con antecedentes de corrupción —y hoy prófugo— a cuidar esa puerta fue el mensaje fundacional de este mandato. Si la entidad que debe velar por la rectitud y el mérito es entregada a quien encarna su antítesis, la legitimidad de todo el aparato gubernamental queda comprometida. Todo lo demás se contamina.
Al revisar la cúpula del Dapre, la torre de control........