Pausa

Nunca me caracterizó la prudencia. Siempre he considerado que el exceso de ella nos manda al carajo porque no nos deja hablar lo que pensamos, porque nos filtra nuestra autenticidad en momentos donde hay que tomar el toro por los cuernos. Reconozco, sin embargo, que la prudencia es un gran atributo del ser humano si la sabe desarrollar.

Y es que durante años pensé que la prudencia era una virtud para los momentos de crisis, para ese espacio de revisar el balance, no endeudarse de más, decir que no a los riesgos sentimentales, no trabajar con quien no te inspira. Con el tiempo entendí que donde más se ejerce y donde más se nota es en el trato cotidiano, en lo que no se planea.

Los estoicos hablaban de distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. Cuando lidero, lo que depende de mí es sorprendentemente poco: mi manera de reaccionar, lo que decido........

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