Soñar despierto

Con la llegada de Gustavo Petro a la Presidencia se generó un sentimiento de esperanza en algunos sectores de la población, incluso hubo expectativa por parte de quienes no votaron por él. Todos los colombianos conocemos la desigualdad abrupta de nuestro país, sin importar la filiación política podríamos estar de acuerdo en que, como compatriotas, queremos que esa brecha sea cada vez menor para lograr una Colombia con menos necesidades y más libertad. El gobierno del Pacto Histórico no logró cumplir sus utópicas e irrealizables ideas; el tren interoceánico, la desmovilización del ELN en treinta días o condonar las deudas del Icetex son algunos de los numerosos ejemplos de cómo, en vez de resolver problemas, la esperanza de la ciudadanía se ha transformado en frustración.

Tanto las encuestas como la errática estrategia electoral de Iván Cepeda indican que Abelardo de la Espriella podría ser nuestro presidente. La dirección nacional daría un vuelco de ciento ochenta grados frente al cual es válido estar emocionado; no obstante, es necesario estar preparados desde una actitud de sensatez política. Como ciudadanos, es imprescindible ser conscientes de la catástrofe fiscal que nos deja el excesivo gasto y endeudamiento del actual gobierno. Las finanzas del Estado están en crisis, ahora más que nunca se requiere priorizar de manera quirúrgica cada peso de inversión.

A los gobernantes nacionales, departamentales y locales les corresponde construir sobre lo construido. Es irresponsable diseñar proyectos y programas como si contáramos con la chequera de Dubái; cuando el contexto latinoamericano es otro, impulsar ideas que no pueden concretarse en búsqueda de popularidad resulta perjudicial para la población misma. Por el contrario, con pleno conocimiento de nuestras limitaciones, están llamados a proponer soluciones al alcance........

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