Entre el temor y la mentira |
Faltan pocos días para definir el futuro de nuestra Colombia por los próximos cuatro años o más. Reitero que estas son las elecciones más determinantes de la historia de nuestro país. Esto no solo se debe a las tensiones de esta contienda electoral, sino a los graves efectos que conllevaría un triunfo del continuismo. Paradójicamente, el candidato oficialista —que representa a quienes históricamente se opusieron a las mismas dinámicas de poder— es hoy la figura que amenaza con prolongar la peligrosa línea de gobierno de Gustavo Petro Urrego.
El pasado domingo, en sendos eventos, los candidatos habilitados para la segunda vuelta cerraron sus actos públicos de campaña. A simple vista, las fuerzas en cada extremo parecen estar equilibradas. Por ello, durante esta semana de silencio electoral, los hilos tras bambalinas se moverán de múltiples formas, utilizando el temor y la mentira como estrategias para captar al electorado indeciso e indiferente. Ciertamente, el temor y la mentira se alimentan el uno al otro en una perversa simbiosis que oscurece el ambiente previo a las elecciones, pero que también genera una enorme expectativa sobre lo que pueda pasar una vez se conozcan los resultados de las votaciones.
En los centros urbanos, donde se concentra el mayor porcentaje de votantes activos y se mantiene ese caudal electoral de algo más de 17 millones de colombianos que no votaron en la primera vuelta, la mentira satura las redes sociales y se dispersa por todos los canales digitales. El objetivo es atraer a una u otra campaña a quienes aún no deciden por quién votar, e incluso a aquellos que no han decidido si lo harán. El temor que se le ha inyectado a los seguidores de........