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Darío Mejía, mi alter ego

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13.06.2026

Uno no llega solo a ninguna parte. En enero de 1971 aterricé en Bogotá para estudiar Derecho en la Universidad de los Andes. En Medellín, mi mamá marcó las medias con mi fecha de nacimiento para que no se fueran a confundir con las de otros estudiantes en la pensión de cucuteños donde yo iba a vivir, en la avenida Caracas con calle 42. Seguí investigando, como lo hacía en Medellín en el colegio. Pronto lo notó mi condiscípulo Luis Ricardo Paredes Mansfield, gran amigo de toda la vida, y me puso en contacto con Daniel Samper Pizano.

A los dos años de andar en Bogotá con las medias marcadas, empezamos a firmar artículos de investigación en El Tiempo. Luego vino la Unidad Investigativa. Uno no llega solo. En varias ocasiones he agradecido a los que me ayudaron en distintas épocas: Camilo González Chaparro, Mauricio Luna Bisbal, don Hernán Echavarría Olózaga, Federico Medem, Jesús M. Idrobo, Alegría Fonseca, Germán Castro Caycedo, Germán Botero de los Ríos, Miguel Lleras Pizarro y muchísimos más. Uno no llega solo. Me casé con la única mujer que entonces hacía periodismo investigativo, Silvia Galvis. He tenido una vida muy afortunada, aunque Silvia falleció hace 16 años y muchos amigos y familiares han ido faltando. La semana pasada murió un amigo........

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