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Entre mutaciones y metamorfosis

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30.05.2026

Hemos comenzado 2026 con la materialización de las amenazas del presidente de los Estados Unidos de intervenir militarmente en Venezuela. Donald Trump, eufórico, hablaba de una perfecta, eficaz y limpia intervención militar. Casi un centenar de personas fueron masacradas para secuestrar violentamente a Maduro y a Cilia Flores, su esposa. Trump y su equipo de gobierno han reivindicado bravuconamente la posesión de su petróleo y la voluntad de expulsar a China del mapa de relaciones comerciales con Venezuela. También han amenazado a otros Estados latinoamericanos y a Groenlandia.

A la vez, la agencia federal encargada de identificar, detener y deportar a inmigrantes en situación irregular (ICE) ha ejecutado públicamente a Renee Nicole Good. Siguen abiertas las secuelas de los bombardeos en Irán, Siria, Sudán o Nigeria, la guerra en Ucrania y la continuidad del genocidio contra el pueblo palestino que se lleva perpetrando desde el otoño de 2023.

En el Estado español, presentado habitualmente como bastión progresista en Europa, las elecciones en Extremadura desvelan un PSOE en declive, una izquierda que crece más de lo esperable en otros territorios, pero que no capta lo que pierde el PSOE, un PP que se sostiene y se arrima a una ultraderecha que crece con vigor. Es una trayectoria que se repite en otros lugares de Europa.

Comprender la fuerza con la que ha emergido la ultraderecha en tantos lugares a la vez, exige reconocer en toda su complejidad la policrisis que atravesamos. Una crisis política y social en la que se manifiesta una profunda erosión de la democracia y el surgimiento de una ola autoritaria, represiva y militar. Un desmoronamiento del orden que se había construido a partir de la Segunda Guerra Mundial que tiene como vector de fondo la profunda crisis ecológica, con frecuencia insuficientemente analizada y reducida a la dimensión climática, a su vez reducido el abordaje de  esta última a la contabilidad del CO2.

Cuatro siglos después de que Francis Bacon soñara con un progreso humano que dominase la naturaleza y la estremeciese hasta sus fundamentos, es innegable que la trama de la vida ha sido sacudida, pero a costa, como señala la mejor información científica disponible y la experiencia cotidiana de millones de personas, de poner las vidas en riesgo.

Los estudios actuales señalan que de los nueve límites planetarios fundamentales para garantizar la continuidad de la vida tal y como la conocemos, siete se encuentran superados 1. La crisis ecológica provoca desastres crecientes en frecuencia e intensidad, que están destruyendo medios de vida, hábitats e infraestructuras. Reduce las posibilidades humanas de adaptarse y vivir en los territorios, poniendo en peligro la seguridad vital.

Además, existe una presión creciente extractivista sobre los recursos fósiles y los minerales declinantes –en tanto que menos rentables energética y económicamente– que provoca una transformación creciente en los usos del suelo y agrava los problemas ecológicos que ya hemos nombrado, tensionando profundamente los metabolismos económicos globalizados.

La comunidad científica ha advertido sobre la llegada de algunos puntos de no retorno y el riesgo de colapso 2 de los procesos, bienes y recursos naturales imprescindibles para la supervivencia humana. Los colapsos ecológicos, situados y globales, no tienen por qué significar extinción total ni una explosión terminal, pero existen. Hacer luz de gas en torno a ello añade confusión a un momento ya de por sí tremendamente confuso.

La cultura occidental se extravió 3 y rompió los vínculos entre lo humano y la trama de la vida. Nuestra contemporaneidad arranca de ese pecado original, el de practicar una especie de vivisección cultural que ha desgajado la política y la economía de las bases relacionales, naturales y sociales que las sustentan.

La oposición íntima entre el metabolismo agro-urbano-industrial capitalista y la organización de la trama de la vida constituye el meollo de todos los problemas ecosociales. Conocer la base ecológica de este conflicto es, posiblemente, lo que determina la diferencia entre construir sociedades que se integran en la trama de la vida o sociedades que la explotan como si estuviesen fuera 4.

Lo que en el capitalismo expansivo es progreso, es regresión en la naturaleza. Lo que nuestra cultura denomina complejidad económica y social, es simplificación y empobrecimiento en la trama de la vida. Cuando más deprisa se mueven los datos y las mentiras a través de las máquinas, más información vital desaparece. Lo que la economía llama productividad es ineficiencia en la naturaleza.

La seguridad en los sistemas vivos es improductiva para el capital. Mientras que los ecosistemas avanzan en la transferencia de excedentes energéticos para la protección y la anticipación de riesgos en el futuro, el progreso capitalista quema la energía del pasado, dilapida la del presente y les pasa las facturas a las........

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