We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Brevísimas notas sobre la felicidad: una mirada ecomunitarista

4 2 26
10.08.2022

Dijo Julius Fucik antes de ser asesinado por los nazis:

“He vivido para la alegría, por la alegría he ido al combate, y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca asociada a mi nombre”.

En primer lugar hay que distinguir entre “soy feliz” y “me siento feliz”. Porque es sabido que puedo “sentirme como un millonario”, sin serlo.

Pero “ser feliz” supone que me ubico en un conjunto de personas que vive (goza de) “la felicidad”. Y en sentido fuerte esa pertenencia a ese conjunto de los felices marcaría un rasgo permanente de esa persona (como se dice “soy médico”, cuando después de graduarme me incorporé para siempre al conjunto de los médicos; de forma similar cuando se dice de otro “es un amargado” no se lo cataloga así por conductas de momentos pasajeros, sino porque de forma permanente se inscribe en el conjunto de los amargados).

No obstante hay que cuestionar ese sentido fuerte, pues es sabido que para muchos “la felicidad” es pasajera y siempre provisoria. Según esa visión una persona puede “ser feliz” en un momento de su vida, y no serlo en el momento siguiente (quizá hasta el fin de su vida), o no haber sido feliz en el momento (o período que puede tener origen muchos años antes) anterior a aquel en el que pasa a ser feliz.

Ahora bien, tanto en el sentido fuerte como en el sentido débil-pasajero-provisorio, la cuestión de asumirse como alguien que “es feliz” remite a la definición de lo que es (o se entiende) por “felicidad”. Y aquí las opiniones, incluso entre los filósofos, han divergido mucho. Para Aristóteles en la “Ética a Nicómaco” la felicidad consiste en filosofar; eso implica que la persona que no filosofa, o sea, que no hace la actividad que Aristóteles hace, no es ni puede llegar a ser feliz; y así la casi totalidad de la Humanidad estaría condenada a no lograr nunca ser feliz, porque no filosofa en el sentido que el “filosofar” tiene para Aristóteles.

Para Spinoza (en su “Tratado sobre la reforma del entendimiento”) la felicidad se encuentra en el amor a Dios (entidad eterna e infinita, que se confunde con la Naturaleza), que trasciende el apego a las cosas materiales, los placeres y la gloria.

Kant en su “Crítica de la Razón Pura” caracterizó a la felicidad como la satisfacción de todas nuestras inclinaciones, tanto en extensión, o sea en multiplicidad, como en intensidad, o sea en grado, y como en su duración en el tiempo. (Por esta última característica Kant adheriría a lo que llamé antes “sentido fuerte” de ser feliz). Claro que en la definición de Kant (incluso si damos por sentado lo que habrá de entenderse por “satisfacción”) aún queda pendiente la muy espinosa tarea de enumerar, distinguir/delimitar, y justificar éticamente las “inclinaciones” humanas en cuestión.

Hasta aquí hemos revisitado sólo a tres exponentes de la filosofía que pertenecen a la cultura llamada blanca-occidental; y vemos que los tres difieren en su caracterización de la felicidad (y de lo que sería “ser feliz”).

Y el panorama se haría aún más diverso si abordáramos las visiones que de la felicidad tienen, por ejemplo, diferentes pueblos originarios de Abya Yala o de la India.

De ahí que por nuestra parte (salvo rarísimas excepciones que se nos han escapado), nos hemos abstenido de usar los términos “felicidad” o “ser feliz”. A partir de la deducción de las tres normas fundamentales de la Ética, que serían válidas para toda la Humanidad (porque son deducidas de la gramática profunda de la pregunta que la instaura, a saber “¿qué debo hacer?”, que hace parte de todas las lenguas humanas), y que nos exigen, respectivamente, luchar para garantizar nuestra libertad individual de decisión, realizar esa libertad en la búsqueda de consensos con los otros, y preservar-regenerar la salud de la naturaleza humana y no humana, nos........

© Rebelión


Get it on Google Play