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La psicología de las masas y la mentalidad de rebaño

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29.05.2026

En su obra maestra Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Sigmund Freud expande los conceptos del psicoanálisis individual para explicar el fenómeno de la «mentalidad de rebaño» (herd mentality), analizando y reformulando las ideas previas de sociólogos como Gustave Le Bon y Wilfred Trotter.

Para Freud, la masa no es simplemente una acumulación de individuos, sino una entidad psicológica cualitativamente distinta. Al integrarse a un grupo, el individuo experimenta una transformación radical: se suspende su juicio crítico, se debilitan sus inhibiciones conscientes y emergen impulsos inconscientes primitivos, reprimidos en la vida solitaria.

Freud descarta que este fenómeno se deba a un mero instinto gregario, innato e irreducible. En su lugar, propone una explicación basada en la pulsión libidinal (los lazos afectivos) y dos mecanismos psíquicos centrales. La identificación: los miembros del grupo se identifican entre sí porque comparten un elemento en común: la devoción o el vínculo con la misma figura o la misma línea de pensamiento. La sustitución del ideal del yo: este es el núcleo de la teoría freudiana. Los individuos que integran la masa deponen su propio ideal del yo, su conciencia moral, sus valores y su capacidad crítica individual, y lo sustituyen por el líder o por la idea abstracta que cohesiona al grupo. Al delegar el control de la conciencia en una figura externa, la masa actúa como un solo organismo, movido por fe o creencias y una alta susceptibilidad a la sugestión.

La vulnerabilidad inherente de la psicología de las masas la convierte en un terreno fértil para la instrumentación ideológica, política o económica. La manipulación explota la regresión psicológica del grupo a un estado de sumisión propio de la horda primitiva, donde el líder ocupa el lugar del padre omnipotente.

En el ámbito político, los líderes carismáticos o los regímenes autoritarios manipulan la mentalidad de grupo presentándose como la encarnación del ideal del yo colectivo. Para mantener la cohesión, el poder político utiliza dos estrategias freudianas:

La ilusión de justicia: El líder debe proyectar la ilusión de que ama a todos los miembros por igual, lo que mitiga los celos internos y fortalece los lazos horizontales entre los seguidores.

El enemigo externo: La cohesión interna suele requerir un objeto de hostilidad compartido. Al canalizar la agresión intrínseca del ser humano hacia un rival político, se disuelven las tensiones internas del grupo.

Aunque Freud teorizó principalmente sobre instituciones como la Iglesia y el Ejército, sus conceptos fueron adaptados al mercado, entre otros por su sobrino, Edward Bernays. En el consumo moderno, estrellas de cine, cantantes, atletas, las marcas o los productos pueden sustituir la figura del........

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