Las grandes corporaciones tecnológicas contra la democracia |
¿Por qué el presidente de Uruguay tiene tan baja aprobación, siendo que el país no está tan mal como el resto del continente? La respuesta es simple: la arrogancia de su gobierno (del presidente Orsi, de su ministro de Economía Odone y de su canciller Lubetkin) crearon un sisma anímico de traición y derrota dentro de sus votantes, los militantes del histórico Frente Amplio. Su estrategia de alinearse con un neoliberalismo edulcorado y con un sionismo supremacista fue el primer momento que partió las aguas en los primeros meses de su administración, en 2025.
Cuando un gobierno no tiene el apoyo y la defensa articulada de sus votantes y militantes, sus adversarios tienen un trabajo fácil. El primer culpable no es la oposición; es el gobierno. También parte de la izquierda uruguaya, por haber vendido su épica a cambio de ganar alguna que otra elección. Esta es una particularidad de la realidad uruguaya, pero también es la raíz del árbol agonizante de la izquierda occidental, desde Europa a América Latina.
¿Quién está dando el ejemplo de cómo volver a sus principios tradicionales de defensa de los derechos de los de abajo, de la clase trabajadora, de la lucha antiimperialista y antiesclavista? Como en el siglo XIX, la izquierda estadounidense.
Paradójicamente, el ejemplo de cómo debe actuar una izquierda que merezca llamarse así procede de la cuna de toda esta ola de brutalidad antidemocrática, racista, sexista y genocida: Estados Unidos. Desde hace unos años, es la izquierda estadounidense la que ha tomado la posta de la irreverencia. Ya lo vimos con la diferencia entre el Partido Verde de Estados Unidos, liderado por nuestra amiga Jill Stein, y el Partido Verde de Alemania: uno militantemente contra el genocidio en Gaza, contra el imperialismo y a favor de las clases trabajadoras y, el otro, el europeo, buscando excusas para no quemarse.
Había un problema: debido a que el sistema político y electoral de Estados Unidos es una herencia del........